Financiación climática: retos y objetivos para el cambio climático
Financiación climática: Un pilar para la lucha contra el cambio climático
¿Qué es la financiación climática?
La financiación climática se refiere a los recursos económicos, tanto públicos como privados, destinados a mitigar el cambio climático. Su objetivo principal es apoyar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y fortalecer la adaptación de comunidades y ecosistemas ante los impactos del cambio climático. Esta financiación es esencial para promover una transición hacia modelos de desarrollo sostenibles, fomentar inversiones en energías limpias y canalizar fondos internacionales y mecanismos multilaterales, alineándose con las políticas climáticas globales.
Objetivos principales del financiamiento climático
Los principales objetivos de la financiación climática son:
- Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
- Fortalecer la resiliencia climática de comunidades vulnerables.
- Promover inversión privada en sectores clave como energía, transporte y agricultura.
- Asegurar el acceso a fondos de adaptación para los países más afectados.
El Desafío actual: ¿Por qué la financiación climática es insuficiente?
El financiamiento climático enfrenta dos desafíos estructurales significativos: su insuficiencia y su calidad deficiente.
1. Insuficiencia de los recursos disponibles
Se estima que los países en desarrollo necesitarán entre 5 y 6,9 billones de dólares hasta 2030 para cumplir con sus compromisos climáticos actuales. Esta cifra no incluye los recursos necesarios para alcanzar la neutralidad de emisiones en 2050. A pesar de algunos avances, como la creación del Fondo de Pérdidas y Daños y la adopción del Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG), la brecha financiera sigue siendo abismal.

Fuente: Climate Policy Initiative. 2021. Global Landscape of Climate Finance 2021.
El contexto político actual agrava aún más esta situación. El financiamiento climático depende en gran medida del sector privado y de la inversión pública. Si bien es esencial que los países movilicen sus fuentes de financiación, la disminución de la ayuda oficial al desarrollo, junto con el resurgimiento de posturas contrarias al trabajo climático, como las adoptadas por la nueva administración estadounidense, pone en peligro los compromisos internacionales adquiridos.
2. Problemas de calidad en la financiación existente
Más allá de la cantidad, la manera en que se estructura y distribuye la financiación presenta serios retos:
- Predomina el uso de préstamos sobre subvenciones, lo que agrava la deuda pública de países vulnerables y limita su capacidad fiscal para invertir en acciones climáticas.
- Distribución desigual de fondos entre prioridades climáticas. Aunque la financiación para la adaptación ha aumentado (pasando de 22.000 a 28.000 millones de dólares entre 2021 y 2022), sigue siendo insuficiente. Según el últimoinforme de la UNEP, incluso si se cumple con el compromiso de duplicar la financiación de adaptación para 2025, solo se cubriría alrededor del 5% del déficit estimado, que oscila entre 187.000 y 359.000 millones de dólares anuales.
- Falta de coherencia en los flujos financieros etiquetados como sostenibles. Un informe de Urgewald y Facing Finance reveló que más de 4.700 fondos europeos etiquetado como “ESG” han invertido más de 120.000 millones de euros en empresas vinculadas a los combustibles fósiles, evidenciando la desconexión entre los objetivos declarados y la realidad del sistema financiero internacional.
La importancia de la financiación climática en la COP30 de Brasil
Como país anfitrión de la COP30, Brasil desempeña un papel crucial como puente entre países desarrollados y en desarrollo en las negociaciones internacionales. Debe insistir para que el financiamiento climático sea adicional, predecible y equilibrado, distribuyéndose de manera justa entre mitigación, adaptación y pérdidas y daños.
El verdadero reto entre Bakú y Belém reside en construir vías realistas y ambiciosas para movilizar los 1,3 billones de dólares comprometidos, asegurando que estos fondos no provengan unicamente de la reorientación de recursos existentes. Para ello, es necesaria una expansión efectiva del volumen de financiación disponible, acompañada de políticas públicas coherentes, marcos regulatorios sólidos y una colaboración efectiva entre los sectores público y privado. Para esto, la futura implementación de la Hoja de Ruta de Belém, negociada en la COP30 para activar el NCQG, representará un paso importante hacia un acuerdo global.
El futuro de la financiación medioambiental
Soluciones para aumentar los fondos disponibles
Para superar los desafíos actuales en el financiamiento climático, se requiere una estrategia integral que combine el aumento de recursos disponibles con una mayor coherencia respecto a los compromisos del Acuerdo de París. Algunas propuestas relevantes incluyen:
- Reorientar subsidios a los combustibles fósiles hacia fondos climáticos. En la COP28, España expresó su apoyo a esta línea de actuación mediante una declaración, alineándose con un creciente consenso internacional sobre la necesidad apremiante de eliminar incentivos fiscales que obstaculizan la transición energética.
- Implementar mecanismos de tarificación de carbono en sectores de alta emisión. Las negociaciones en el seno de la Organización Marítima Internacional sobre la tarificación del carbono en el transporte marítimo podrían sentar un precedente relevante para su adopción en otros sectores.
- Explorar impuestos sobre grandes fortunas como fuente innovadora y solidaria de financiación. Iniciativas como la Global Solidarity Levies Task Force, liderada por Barbados, Francia y Kenia —y en la que participa activamente España—, proponen implementar gravámenes sobre diferentes sectores, incluidas las grandes fortunas.
- Reformar los Bancos Multilaterales de Desarrollo para ampliar las subvenciones, mejorar la eficiencia de los desembolsos y alinear las inversiones con los objetivos de mitigación, adaptación y resiliencia climática.
La subvención climática es crucial para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Superar los desafíos actuales y aplicar soluciones eficaces exige una colaboración sin precedentes entre los sectores público y privado, junto con una movilización masiva de recursos para una acción climática global, equitativa e inmediata.

