COP28 | Dubái (2023): el primer acuerdo global sobre combustibles fósiles
La cumbre que evaluó el progreso climático global
La COP28 de Dubái, celebrada en 2023, llegó en un momento crucial para la acción climática internacional. Ocho años después de la adopción del Acuerdo de París, los países debían responder a una pregunta fundamental: ¿está avanzando el mundo lo suficientemente rápido para cumplir los objetivos climáticos globales?
Para responder a esa cuestión, el acuerdo de París estableció un mecanismo conocido como Balance Global (Global Stocktake), diseñado para evaluar periódicamente el progreso colectivo hacia sus metas.
El primer Balance Global, presentado durante la COP28, confirmó algo que muchos científicos y observadores ya advertían: los esfuerzos actuales siguen siendo insuficientes para mantener el calentamiento global dentro de los límites acordados. Puedes leer el análisis completo en el Informe COP28.
La cumbre de Dubái debía decidir cómo responder a ese diagnóstico y qué dirección tomar a partir de ese momento.
La cuestión clave fue reconocer la causa del problema
Durante décadas, las negociaciones climáticas internacionales se habían centrado principalmente en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, rara vez se mencionaba de forma directa la principal causa estructural de esas emisiones: los combustibles fósiles.
Por ello, en la COP28 estaba en juego una cuestión fundamental: los países tenían la oportunidad de debatir la necesidad de abandonar progresivamente los combustibles fósiles. Puedes leer más sobre la presión máxima para su eliminación progresiva en este artículo relacionado.
El debate fue complejo. Numerosos países productores de petróleo, gas o carbón mostraron reservas sobre cómo debía formularse ese compromiso y qué ritmo de transición energética sería aceptable.
El acuerdo de Dubái: una referencia histórica a los combustibles fósiles
Tras largas y complejas negociaciones, los países adoptaron una decisión que muchos observadores calificaron de histórica. Descubre por qué la COP28 ha sido considerada una cumbre histórica.
Por primera vez en la historia de las cumbres climáticas, el acuerdo final incluyó una referencia explícita a la necesidad de transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos.
El acuerdo también identificó varios objetivos clave para acelerar la transición energética global, entre ellos:
- triplicar la capacidad mundial de energías renovables antes de 2030
- duplicar el ritmo de mejora de la eficiencia energética en esta década
Estas medidas se presentaron como pasos esenciales para reducir rápidamente las emisiones y mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Conoce más sobre un día clave en la senda del 1,5°C.
Un cambio importante en el lenguaje de la diplomacia climática
La decisión adoptada en la COP28 de Dubái marcó un cambio significativo en la narrativa de la acción climática internacional.
Durante años, los acuerdos climáticos habían abordado principalmente las consecuencias del problema —las emisiones—, evitando mencionar de forma directa su causa estructural.
Dubái supuso el primer reconocimiento colectivo dentro del sistema multilateral de que la transición energética global implica reducir progresivamente el uso de combustibles fósiles.
Este cambio tuvo un importante significado político y simbólico, ya que refleja una evolución en la forma en que los países abordan el desafío climático. Puedes seguir la evolución de estos compromisos en el Observatorio de la Acción Climática.
El verdadero desafío: pasar de las palabras a la acción
Al mismo tiempo, la COP28 dejó claro que reconocer el problema es solo el primer paso.
El verdadero desafío consiste ahora en transformar los sistemas energéticos, económicos y financieros para hacer posible esa transición energética.
El acuerdo de Dubái reforzó la dirección del cambio, pero su impacto dependerá de cómo los países traduzcan estos compromisos en políticas concretas durante los próximos años.
En este sentido, la cumbre consolidó una idea cada vez más presente en las negociaciones internacionales: la acción climática ya no consiste únicamente en reducir emisiones, sino en transformar profundamente la forma en que el mundo produce y consume energía. Esta transformación centró también el debate en la COP30 de Belém, celebrada en 2025.



