Publicado el martes 05 de diciembre del 2023

Cinco expertos en derechos humanos independientes que participan en las negociaciones han evidenciado que la orientación que se da a las conversaciones en la COP28 se rige más por lo económico que por lo que de verdad trata la lucha contra el cambio climático: de proteger el bienestar de la vida. Aún así, celebran que puedan formar parte de las reuniones, en las que su tarea es influenciar para impulsar los derechos humanos en las resoluciones.

Human Right COP28

La COP28 ha puesto sobre la mesa y está planteando “la redefininición del sistema financiero, pero debe realizarse con el objetivo de que el dinero se destine verdaderamente al desarrollo”, indica la Secretaria General Adjunta de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTADe), Isabelle Durant. Una consideración que debe ir recordando ella misma en la mesa de negociación. Durant celebra que se esté tratando cómo solucionar el limitado acceso a la financiación de los países en desarrollo para posibilitar su transición hacia las energías renovables, si bien también cabe poner el foco en las acciones de adaptación y en pérdidas y daños.

“Esta es la COP de la financiación climática. Pero hay que asegurar que los nuevos fondos, tasas a las actividades más contaminantes y cualquier otra herramienta que pueda diseñarse contribuyan a una redistribución”, indica Attiya Waris, experta en deuda externa y derechos humanos. Para Waris, que indica que la urgencia climática no se está expresando en toda su dimensión en las negociaciones, habrá que "mostrar con cifras dónde se destina exactamente" toda la nueva financiación que se va anunciando. “Tenemos que garantizar una transición justa. No se trata de un negocio”, coincide también el relator especial de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, Francisco Acali Tzay. Tener en cuenta a las comunidades que viven en el territorio para la aplicación de las soluciones es esencial para su correcta adopción y para que impacten positivamente, tal y como ha señalado el relator.

En las negociaciones “insistimos para que la financiación no sea un business as usual, sino que vaya dirigida a los impactos climáticos y a ayudar a la adaptación de las zonas más desfavorecidas”, explica Brenda Akia, del Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer. Ello incluya también los impactos climáticos en zonas en conflicto y en la población refugiada, de la que “no se habla”. En estas circunstancias, “las mujeres y las niñas son las más olvidadas, cuando sufren violaciones”.

Los expertos han destacado los mercados de crédito de carbono como una herramienta plenamente útil para financiar las actuaciones en áreas necesitadas. Como ejemplo de una acción positiva, han apuntado hacia la iniciativa que promueve electrizar las cocinas en África y Asia, para evitar la deforestación, ya que  2.300 millones de personas todavía utilizan métodos de cocción con biomasa. Precisamente, la Coalición Mundial de Cocina Eléctrica (GeCCo) ha presentado hoy en la COP28 un plan de acción en esta línea, acompañado de financiación para llevarlo a cabo.

“La crisis climática está afectando a millones de personas y es crítica la acción”, ha urgido el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre derechos humanos y Medio Ambiente, David R. Boyd, que espera que de la COP salga un documento que muestre claramente el fin de los combustibles fósiles y soluciones financieras. “No hay que movilizar billones, sino trillones”, ha enfatizado, y ha reclamado que todo ese dinero salga del bolsillo de “los contaminadores, que tienen capacidad, a través de tasas que graven la emisión de gases de efecto invernadero (GEI)”.