Publicado el miércoles 06 de septiembre del 2023

Hablamos con Camila Fernández Silva, responsable de Participación en el equipo de UN Climate Change High-Level Champions en América Latina. 

Los países de América Latina y el Caribe se enfrenta a riesgos climáticos muy diversos que provacan grandes catástrofes naturales. Desde el deshielo de los nevados andinos hasta la intensificación de los huracanes en el Caribe, los efectos son de gran alcance, generando a su vez un problema social derivado de las desigualdades sociales y económicas. La Región se enfrenta a importantes disparidades en la vulnerabilidad siendo las comunidades marginadas las que suelen llevarse la peor parte. 

Sin olvidar cuestiones fundamentales para abordar de una manera urgente las necesidades de adaptación de la Región, o la cuestión de las pérdidas y daños ya provocados como consecuencia del cambio climático, la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero se está abordadando por los países latinoamericanos. A través de sus NDCs se han comprometido a reducir de manera significativa las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, con el objetivo de convertirse en países emisores netos cero para 2050. Este reto requiere abordar la alta dependencia económica de la región a los combustibles fósiles y cuestiones como las crecientes emisiones provocadas por la deforestación asociada a la rápida urbanización y la expansión de la agricultura y la ganadería.

La acción climática es un imperativo para evitar, como marca el Acuerdo de París, que el aumento de la temperatura media mundial no sobrepase los 2 ºC y se pueda limitar al 1,5 ºC en comparación con los niveles preindustriales. Para la ciencia, este límite es fundamental e insisten en la diferencia que supone apuntar como objetivo a un calentamiento de 1,5ºC o de 2 ºC.  

Reducir las emisiones es la clave. Por supuesto, teniendo en cuenta que existen responsabilidades diferenciadas entre los actores más emisores y los que tienen una menor huella de carbono. La mitigación, además, permite prevenir impactos aún más graves y los costes asociados a la recuperación de los daños. Lo que genera a su vez oportunidades para aumentar los recursos destinados a la adopción de tecnologías verdes y prácticas sostenible, que crean nuevas oportunidades de empleo y fomentan la innovación de los mercados emergentes, generando atracción a las inversiones internacionales. 

 

Se apunta también que la adaptación al cambio climático es importante pero, se subraya que no se excluyen mutuamente, sino que son aspectos interconectados de una estrategia climática global. Al adoptar la sinergia entre adaptación y mitigación, las sociedades pueden afrontar mejor los retos del cambio climático, salvaguardando al mismo tiempo el medio ambiente para las generaciones venideras. Muchas medidas de adaptación y mitigación pueden tener beneficios colaterales. Por ejemplo, los esfuerzos de reforestación no sólo secuestran dióxido de carbono, sino que también aumentan la resistencia de los ecosistemas a los impactos climáticos.

  

Abordar los retos de mitigación en los países de América Latina requiere esfuerzos colectivos de la comunidad internacional. Los países desarrollados, las organizaciones internacionales y las entidades del sector privado pueden ofrecer conocimientos técnicos, asistencia financiera y programas de capacitación para apoyar las iniciativas de mitigación de la Región. Las alianzas multisectoriales pueden facilitar el intercambio de conocimientos y la adopción de las mejores prácticas, garantizando la resiliencia de los paíes y las capacidades para hacer frente a los retos comunes.Para acompañar esta acción climática hacia el 1,5 ºC, en 2020 se ha creado una iniciativa internacional llamada Race to Zero. 

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