Pasar de las promesas a la implementación en la COP31
Turquía y Australia buscan redefinir el rumbo climático.
A dos semanas de las negociaciones intermedias de Bonn (SB64), la Presidencia de la COP31 empieza a marcar el tono político de la próxima cumbre climática. En una segunda carta conjunta, Turquía y Australia (que ejercerán respectivamente como Presidencia de la COP y Presidencia de las Negociaciones) presentan una visión orientada a responder una de las preguntas centrales del proceso climático internacional: cómo transformar años de compromisos y negociaciones en implementación real.
Una COP centrada en implementación, inversión y acción
La carta insiste en tres ideas principales: implementación, cooperación y aceleración. Turquía plantea una COP orientada a generar “resultados concretos, medibles y orientados a la implementación”, mientras Australia defiende un proceso transparente, inclusivo, impulsado por las Partes y centrado en acelerar la acción climática.
La prioridad política parece clara: desplazar el centro de gravedad desde la negociación de nuevos marcos hacia la ejecución de compromisos ya existentes. En este sentido, la carta se sitúa en continuidad con la COP30 de Belém y con iniciativas lanzadas allí, como la Misión de Belém para 1,5 ºC y el Acelerador Global de Implementación, orientados a apoyar la aplicación de las contribuciones determinadas a nivel nacional y los planes nacionales de adaptación.
Los ejes prioritarios que aparecen en el texto son:
- Transición energética y electrificación.
- Ciudades e infraestructuras resilientes.
- Transformación industrial verde.
- Agricultura y sistemas alimentarios sostenibles.
- Economía circular.
- Financiación climática.
- Adaptación y resiliencia.
El nuevo lenguaje del multilateralismo climático
Uno de los elementos más relevantes de la carta es el intento de redefinir el papel del propio sistema multilateral. El texto reconoce, aunque de forma implícita, que la CMNUCC ya no funciona únicamente como un espacio de negociación entre Estados. Hoy debe coordinar múltiples agendas, actores, coaliciones e iniciativas paralelas.
Por eso, la Presidencia insiste en conceptos como alianza, proceso inclusivo, cooperación, implementación, participación de actores y movilización de inversión. La asociación inédita entre Turquía y Australia se presenta como un nuevo modelo de presidencia COP, basado en responsabilidad compartida y cooperación.
Esto refleja una tendencia más amplia del régimen climático posterior a París: las COP siguen siendo el núcleo de legitimidad del sistema, pero la implementación depende cada vez más de una red amplia de coaliciones, iniciativas sectoriales, actores financieros, ciudades, empresas y sociedad civil.
El Pacífico gana centralidad política
Otro elemento significativo es la centralidad otorgada al Pacífico. Australia presenta su alianza con los pequeños Estados insulares como uno de los pilares políticos de la COP31. La organización de encuentros previos en Fiji y Tuvalu, junto con el nombramiento de enviados climáticos específicos para océanos, financiación y 1,5 ºC, busca reforzar la legitimidad climática de la presidencia y visibilizar las prioridades de los países más vulnerables.
No es un detalle menor. En un momento en que aumenta la presión sobre los países productores de combustibles fósiles y las grandes economías emisoras, el protagonismo del Pacífico recuerda que la COP31 se celebrará bajo la mirada de territorios expuestos al aumento del nivel del mar, las pérdidas y daños, y los impactos climáticos extremos.
Lo que la carta evita decir
Aunque el texto habla de descarbonización, transición energética y de mantener el objetivo de 1,5 ºC al alcance, evita referencias explícitas a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, al petróleo y el gas, a calendarios de reducción o a los subsidios fósiles.
La ausencia es relevante. Tras la batalla política abierta en Dubái y continuada en Belém sobre la transición fuera de los combustibles fósiles, la Presidencia parece optar por un lenguaje más amplio y menos enfrentado. También llama la atención el énfasis en inversión, industria limpia y resiliencia energética, una señal de cómo la acción climática se conecta cada vez más con competitividad, seguridad energética y política industrial.
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