UNGA80: el clima exige resultados, no discursos
Las Naciones Unidas cumplen 80 años en medio de tensiones globales y llamados a una acción climática más rápida y justa.
La semana pasada, Nueva York acogió la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas (UNGA80), un aniversario simbólico para el sistema multilateral que llega en un momento de tensiones y cuestionamientos. En un mundo marcado por guerras, crisis energéticas y desconfianza entre bloques, el modelo de cooperación internacional que permitió el Acuerdo de París se ve presionado como nunca. Sin embargo, el clima volvió a estar en el centro de la agenda, recordando que, pese a la complejidad geopolítica, el desafío climático sigue siendo un reto común e ineludible.
En el debate general, 165 países tomaron la palabra para reflexionar sobre el estado del multilateralismo y los avances frente a la crisis climática. Este año, además, marca un hito importante: la actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) con metas a 2035. Las NDC son el plan de acción de cada país para frenar sus emisiones y adaptarse a los impactos del cambio climático, alineando su contribución con el objetivo global de limitar el calentamiento a 1,5 °C a final de siglo. Cada NDC refleja las circunstancias, capacidades y prioridades nacionales, y juntas definen la trayectoria climática mundial.
Durante la UNGA80, países como China, Rusia, Turquía, Palau, Tuvalu, Kirguistán, Perú, Santo Tomé y Príncipe, Fiyi, Bangladés y Eritrea anunciaron nuevos objetivos de reducción de emisiones para 2035. Aun así, la brecha de ambición sigue siendo grande: grandes emisores como India, Indonesia y México todavía no han presentado sus planes. La Unión Europea tampoco ha cerrado su compromiso, aunque ya adelantó que propondrá reducir sus emisiones entre un 66,3 % y un 72,5 % para 2035. La situación de Estados Unidos añade incertidumbre: tras haber fijado un objetivo para 2035 bajo la presidencia de Joe Biden, la actual administración de Donald Trump ha formalizado la salida del Acuerdo de París, dejando sin efecto ese compromiso. Con este panorama, el mundo avanza, pero aún lejos de cerrar la brecha necesaria para mantener vivo el 1,5 °C. Se necesita más presión política y compromisos creíbles para acelerar la transición y evitar superar los límites de seguridad climática.
En este contexto, la High Ambition Coalition —que agrupa a actores como la Comisión Europea, Chile, España y Guatemala— publicó una declaración conjunta en Nueva York llamando a reforzar el objetivo de 1,5 °C, acelerar el abandono de combustibles fósiles y de sus subsidios ineficientes, impulsar la adaptación y el fondo de pérdidas y daños, y asegurar una financiación climática justa y suficiente.
Paralelamente, los Campeones de Alto Nivel para el Clima presentaron un nuevo impulso para la Agenda Global de Acción Climática (AGAC), que busca convertir el espacio de actores no estatales —empresas, ciudades, sociedad civil— en un verdadero motor de implementación. La AGAC se está rediseñando para los próximos cinco años con el fin de pasar de los anuncios a la ejecución real, medir el impacto de las iniciativas y vincularlas con los compromisos nacionales (NDC y planes de adaptación), movilizar financiación —sobre todo para adaptación y resiliencia— con acceso equitativo para países en desarrollo y comunidades vulnerables, y reforzar la transparencia con métricas claras y plataformas como el Global Climate Action Portal.
Asimismo, la presidencia brasileña de la COP30 recordó que busca ofrecer en noviembre una cumbre diferente: inclusiva, con espacio real para comunidades indígenas, sociedad civil y economía productiva, pero también con capacidad de producir resultados concretos. Adaptación, financiación, transición justa y cumplimiento de los compromisos climáticos serán temas centrales en Belém, donde el mundo espera compromisos creíbles, planes claros y recursos asegurados.
A 80 años de la fundación de las Naciones Unidas y a una década del Acuerdo de París, el mensaje es claro: el tiempo de las promesas sin acción se agota. La COP30 deberá ser la prueba de que el multilateralismo climático, pese a sus tensiones, puede seguir entregando resultados y mantener viva la meta de 1,5 °C.
¡Comparte este contenido y contribuye a la lucha frente a la emergencia climática!

