Publicado el lunes 22 de septiembre del 2025

Europa llega dividida, pero lanza una declaración de intenciones para recortar emisiones a 2035.

La Unión Europea (UE) ha dado un paso intermedio en la definición de su nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) para el marco post-2030. Sin consenso entre los Estados miembros, ha presentado una declaración de intenciones ante las Naciones Unidas con un rango indicativo de reducción de emisiones del 66,25 % al 72,5 % en 2035 respecto a 1990.

La UE está en pleno debate sobre sus objetivos de reducción de emisiones. Por un lado, la NDC que establece un objetivo a 2035 para reducir sus emisiones y que se presenta ante las NNUU y, por otro, la ley climática interna de la UE que marca el camino para 2040.

Entre la ley climática y la NDC

Este movimiento refleja las tensiones internas de la UE. Por un lado, está la obligación de presentar una NDC actualizada de aquí a la COP30 de Belém, en línea con el Acuerdo de París. Por otro, la ley climática europea que ya proyecta un objetivo del 90 % de reducción en 2040. Ambos procesos deberían converger, pero por ahora avanzan de manera desigual.

Sara Aagesen, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España, ha reafirmado la posición española destacando que “Hablamos de una Europa que es especialmente vulnerable al cambio climática (…) Por lo tanto, la ambición tiene que estar ahí. Actuar ahora es invertir en oportunidades. (...) Por lo tanto, es la misión de España. Una misión que es aliada de la ambición. Ambición sin fisuras. Una ambición que debe ir de la mano de la ciencia.”

Qué significa esta declaración

La declaración de intenciones no sustituye a la NDC, pero envía una señal política a la comunidad internacional: la UE está trabajando en su hoja de ruta, aunque todavía no puede presentar un compromiso definitivo. El rango planteado para 2035 es relevante porque marca un hito intermedio entre el -55 % ya acordado para 2030 y el -90 % para 2040.

Sin embargo, al no ser vinculante ni acordado formalmente, abre dudas sobre la coherencia y la unidad europea. Organizaciones como CAN Europe han calificado el gesto de “débil”, alertando de que deja demasiado espacio a la flexibilidad y a posibles concesiones que podrían reducir la ambición.

Impacto e implicaciones

A corto plazo, la UE no cumplirá con las expectativas de presentar su nueva NDC durante la Semana de Asamblea General de las Naciones Unidas ni con su informe de síntesis de las NDC en octubre. Esto supone un golpe a su credibilidad internacional: un bloque que ha liderado la agenda climática de mitigación corre el riesgo de presentarse sin los deberes hechos en un momento clave.

A medio plazo, el objetivo a 2035 será decisivo para definir cómo se reparten los esfuerzos entre sectores (energía, transporte, agricultura, industria) y cómo se implementan mecanismos de financiación y transición justa. La falta de claridad puede retrasar inversiones y generar incertidumbre en las políticas nacionales.

A largo plazo, el reto es alinear la ambición del 90 % en 2040 con un calendario intermedio que sea coherente, legalmente vinculante y verificable. Si la UE logra cerrar estas brechas, consolidará su papel como referente global. Si no, corre el riesgo de ceder espacio político a otros actores y debilitar su capacidad de influencia en las negociaciones climáticas internacionales.