Publicado el miércoles 04 de noviembre del 2026

Una COP en un mundo cada vez más fragmentado

La COP31 se celebrará en un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas, crisis energéticas y presión sobre los presupuestos públicos, factores que dificultan la cooperación climática.

Mientras tanto, los impactos del cambio climático son cada vez más visibles. Olas de calor, incendios, sequías e inundaciones afectan a millones de personas y ponen en riesgo la salud, la agricultura, las infraestructuras y la seguridad.

El último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Limiting Overshoot, advierte de que superar temporalmente el umbral de 1,5 °C es cada vez más difícil de evitar. El reto será limitar ese sobrepaso al mínimo posible y conseguir que la temperatura global vuelva a situarse por debajo de ese límite. Cada décima de grado y cada año adicional aumentan los riesgos.

A ello se suma la dependencia de los combustibles fósiles, que no solo alimenta el calentamiento global, sino que también genera vulnerabilidad económica y riesgos para la seguridad energética.

En este escenario, el gran desafío de Antalya será demostrar que la cooperación climática puede seguir avanzando pese a las tensiones internacionales, con acuerdos que permitan acelerar la acción y mantener vivo el objetivo de 1,5 °C.

Un liderazgo compartido entre Turquía y Australia

La COP31 tendrá una organización particular: Turquía será el país anfitrión y ejercerá la presidencia de la conferencia, mientras que Australia presidirá las negociaciones.

Esta fórmula dará mayor visibilidad a las prioridades del Pacífico, una de las regiones más vulnerables al cambio climático. Sin embargo, también plantea un desafío: ambos países mantienen importantes vínculos económicos y energéticos con los combustibles fósiles.

Su capacidad para construir consensos y facilitar avances en la transición energética será observada de cerca. Tras las negociaciones intermedias de Bonn, la Pre-COP en Fiji y otras reuniones diplomáticas, Antalya pondrá a prueba hasta dónde se han acercado las posiciones.

Las negociaciones: cinco grandes asuntos pendientes

Más allá de las declaraciones políticas, buena parte de los resultados de las COP depende de acuerdos sobre programas, fondos y mecanismos que permiten aplicar el Acuerdo de París. En Antalya, cinco ámbitos concentrarán buena parte de las negociaciones.

1. Mitigación: acelerar la reducción de emisiones

En la COP28, los países acordaron avanzar hacia una transición fuera de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa. También establecieron los objetivos de triplicar la capacidad mundial de energías renovables y duplicar el ritmo de mejora de la eficiencia energética para 2030.

La COP31 deberá mantener estos compromisos en la agenda y favorecer hojas de ruta que permitan reducir la dependencia del carbón, el petróleo y el gas, teniendo en cuenta las distintas responsabilidades y capacidades de los países.

Además, Antalya marcará el inicio del segundo Balance Mundial del Acuerdo de París (GST2), que concluirá en 2028 y evaluará los avances, obstáculos y necesidades en mitigación, adaptación y financiación.

También deberá decidirse el futuro del Programa de Trabajo de Mitigación (MWP). Hasta ahora centrado principalmente en el diálogo, el reto será reforzar su capacidad para identificar barreras, movilizar financiación y tecnología e impulsar medidas concretas de reducción de emisiones.

2. Transición justa: que nadie quede atrás

La transición energética transformará industrias, empleos y territorios, pero sus beneficios y costes no se distribuirán automáticamente de manera equitativa.

Por eso, la COP31 deberá avanzar en la puesta en marcha del Mecanismo de Transición Justa, acordado en la COP30, destinado a apoyar a los países mediante cooperación técnica, capacitación e intercambio de conocimientos.

En Antalya se negociarán sus funciones, gobernanza y funcionamiento, además de revisar el Programa de Trabajo de Transición Justa. El objetivo será convertirlo en una herramienta capaz de proteger los derechos de trabajadores y comunidades, generar oportunidades y apoyar a los países con mayores dificultades para afrontar la transición.

3. Adaptación: prepararse para los impactos climáticos

Aunque las emisiones se reduzcan rápidamente, muchos impactos climáticos seguirán intensificándose durante las próximas décadas.

La COP31 deberá avanzar en el Objetivo Global de Adaptación (GGA), desarrollando herramientas para medir los progresos y orientar las políticas nacionales.

Entre los asuntos pendientes destacan los indicadores de adaptación, la implementación de la Visión Belém-Addis, el futuro de la Hoja de Ruta de Adaptación de Bakú y la transición del Fondo de Adaptación para que sirva exclusivamente al Acuerdo de París.

Sin embargo, la financiación seguirá siendo uno de los principales obstáculos, especialmente para los países más vulnerables, que necesitan recursos previsibles para aplicar sus planes de adaptación.

4. Financiación climática: convertir los compromisos en recursos

La financiación será uno de los principales puntos de tensión en Antalya.

En la COP29 se acordó movilizar al menos 300.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo hasta 2035, con liderazgo de los países desarrollados, dentro de un objetivo más amplio de 1,3 billones de dólares anuales.

La COP31 deberá avanzar en su aplicación y dar continuidad a la Hoja de Ruta de Bakú a Belém. También tendrá que concretar el compromiso de la COP30 de triplicar la financiación para adaptación hasta 2035, aclarando el punto de partida, los recursos contabilizados y los mecanismos de seguimiento.

Pero el debate no es solo cuánto dinero se moviliza, sino cómo llega a quienes lo necesitan: si se concede mediante subvenciones o préstamos, si aumenta la deuda y si los países más vulnerables pueden acceder a él.

También se abordarán el futuro del programa de trabajo sobre financiación climática y las obligaciones de apoyo financiero.

5. Pérdidas y daños: responder a lo inevitable

Algunos impactos climáticos superan la capacidad de adaptación de los territorios, provocando destrucción de viviendas, pérdida de tierras agrícolas, desplazamientos y daños irreversibles en los ecosistemas.

En Antalya se espera avanzar en el funcionamiento y la financiación del Fondo de Respuesta a Pérdidas y Daños, así como en su coordinación con la Red de Santiago, que proporciona asistencia técnica a los países en desarrollo.

La prioridad será garantizar recursos suficientes y procedimientos accesibles para que el apoyo llegue realmente a las comunidades afectadas.

Más allá de las negociaciones: la Agenda Global de Acción Climática

No todos los avances de una COP dependen de acuerdos entre países. La Agenda Global de Acción Climática reúne iniciativas voluntarias de gobiernos, ciudades, empresas, instituciones financieras y organizaciones sociales que pueden impulsar proyectos sin necesidad de consenso internacional, aunque deben complementar los acuerdos formales.

La presidencia turca ha situado entre sus prioridades la electrificación, la industria verde, las ciudades resilientes, la economía circular, la alimentación, la salud y la educación climática.

Una de sus principales propuestas es el objetivo 35x35, que busca elevar al 35 % la participación de la electricidad en el consumo final mundial de energía para 2035.

La electrificación del transporte, la calefacción y la industria puede reducir emisiones y dependencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, sus beneficios climáticos dependerán de cómo se produzca la electricidad. Por eso, deberá acompañarse de renovables, eficiencia, ahorro energético, redes, almacenamiento y políticas de acceso equitativo.

Otra iniciativa destacada será el Climate Implementation Bridge (BRIDGE), que busca conectar las prioridades climáticas nacionales con instituciones financieras, asistencia técnica y socios capaces de facilitar proyectos. No es un nuevo fondo, sino una herramienta para impulsar su ejecución.

BRIDGE se suma a iniciativas como la Misión Belém 1,5 y el Acelerador Global de Implementación. El reto será coordinar estos instrumentos, evitar duplicidades y traducir los compromisos en proyectos financiados, reducciones de emisiones y mejoras concretas en la resiliencia.

En definitiva, el éxito de la COP31 dependerá de su capacidad para convertir la cooperación internacional en resultados tangibles, en un momento en el que alcanzar acuerdos es cada vez más difícil, pero también más necesario.

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