Nueva York toma el pulso a la acción climática
En septiembre, Nueva York volvió a concentrar buena parte de la conversación climática internacional.
La 81ª Asamblea General de Naciones Unidas (UNGA81) coincidió, como cada año, con la Semana Climática, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, conflictos, preocupación por la seguridad energética, presión sobre la cooperación internacional y una evidencia cada vez más difícil de esquivar: los impactos climáticos ya condicionan la vida de millones de personas.
La UNGA81 no fue una cumbre climática formal como una COP. Pero sí funcionó como un termómetro político. Permitió ver qué temas están ganando peso, qué alianzas se están moviendo y qué señales pueden llegar a la COP31, que se celebrará en Turquía.
La conclusión principal es clara: la agenda climática no se detiene entre una negociación y otra. Cuando los textos avanzan despacio, otros espacios, Naciones Unidas, Climate Week, reuniones bilaterales, coaliciones de países, iniciativas regionales y procesos paralelos, sirven para mantener viva la conversación, preparar el terreno político y anticipar los debates que después deberán aterrizar en decisiones concretas.
Una agenda climática cada vez menos “ambiental”
Una de las señales más claras de Nueva York es que el cambio climático ya no aparece solo como un asunto ambiental. Cada vez se habla más de energía, seguridad, inflación, empleo, salud, agricultura, infraestructuras, migraciones, deuda y estabilidad económica.
Por eso, la conversación climática empieza a formularse de otra manera: no como una carga añadida, sino como parte de la respuesta a problemas que ya preocupan a la ciudadanía.
Declaraciones en la Asamblea General
Las intervenciones en Nueva York mostraron que la agenda climática se lee de forma distinta según la región. Pero, en conjunto, las declaraciones apuntan a varios debates que llegarán con fuerza a la COP31: transición energética, adaptación, financiación, justicia climática, seguridad y salida de los combustibles fósiles.
- Unión Europea: transición energética, seguridad y ciencia.
En el bloque europeo, la agenda climática apareció conectada con la seguridad energética, la autonomía estratégica y la competitividad. Reducir la dependencia de los combustibles fósiles se presentó como una forma de proteger a hogares, empresas y economías frente a la volatilidad internacional.
España defendió una transición basada en la ciencia, renovables, adaptación y cooperación internacional.
- África: adaptación, desarrollo y financiación.
Las declaraciones africanas pusieron el acento en la brecha entre responsabilidad sobre las emisiones globales e impacto que enfrentan sobre agua, agricultura, salud, seguridad alimentaria e infraestructuras. El mensaje de fondo fue claro: no se puede pedir más ambición climática en la COP31 sin recursos suficientes, transferencia de capacidades y condiciones financieras más justas.
- América Latina y el Caribe: transición, deuda y protección de la naturaleza.
América Latina y el Caribe aparecieron como una región clave para la transición: energías renovables, bosques, biodiversidad, minerales críticos y nuevos modelos productivos. Pero también como una región muy expuesta a sequías, incendios, huracanes, desigualdad y presión financiera.
La región plantea una tensión central: cómo acelerar la transición sin reproducir modelos extractivos y garantizando que los beneficios lleguen a los territorios.
- Asia: energía, industria y transición a gran escala.
En Asia, la conversación climática estuvo marcada por uno de los grandes dilemas de la próxima fase climática: cómo responder a necesidades de crecimiento, acceso a energía e industrialización, mientras se acelera la reducción de emisiones y se evitan nuevas dependencias fósiles.
- Pacífico: 1,5 °C, océano y supervivencia.
Desde el Pacífico, el mensaje fue el más existencial. Para los pequeños Estados insulares, el límite de 1,5 °C no es una referencia técnica: es una línea de seguridad para sus territorios, culturas, economías y formas de vida.
La Pre-COP en Fiji y la celebración en el Pacífico de la segunda Conferencia Internacional sobre la Transición Justa más allá de los Combustibles Fósiles en 2027 refuerzan el papel de esta región como una de las voces más importantes para mantener viva la ambición climática antes y después de la COP31.
El mensaje de Guterres: menos demora, más implementación
En su último ciclo como Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres ha querido consolidar la acción climática como parte central de su legado. En Nueva York, su mensaje volvió a ser contundente: la transición energética debe acelerarse, la financiación debe crecer y los países necesitan hojas de ruta creíbles para dejar atrás los combustibles fósiles.
La idea de fondo no es nueva, pero sí gana urgencia. La comunidad internacional ya acordó en la COP28 transitar fuera de los combustibles fósiles. El problema es convertir esa señal política en decisiones concretas.
¿Qué país reduce primero? ¿Qué ocurre con las economías dependientes del petróleo, el gas o el carbón? ¿Cómo se protege a los trabajadores? ¿Quién financia la transición en los países con menos margen fiscal? ¿Cómo se evita sustituir una dependencia por otra?
La COP31 tendrá que recoger esta presión.
Santa Marta vuelve al centro: hablar directamente de combustibles fósiles
Una de las señales más relevantes de la semana fue el anuncio de nuevos pasos en el Proceso de Santa Marta. Tuvalu e Irlanda organizarán en el Pacífico, en julio de 2027, la segunda Conferencia Internacional sobre la Transición Justa más allá de los Combustibles Fósiles.
Este proceso aborda una de las conversaciones más difíciles de la gobernanza climática: cómo reducir de forma planificada, justa y financiada la dependencia mundial del petróleo, el gas y el carbón.
La primera conferencia, celebrada en Santa Marta, Colombia, reunió a países, sociedad civil, comunidades indígenas, sindicatos, academia, gobiernos subnacionales y otros actores para discutir no solo el cierre progresivo de la producción fósil, sino también sus condiciones económicas, sociales y políticas.
La segunda conferencia quiere ir un paso más allá: menos diagnóstico y más cooperación internacional. Entre los temas clave aparecen la reducción de la dependencia económica de los combustibles fósiles, la reforma de subsidios, la financiación, la deuda, el comercio, la reconversión productiva, la seguridad energética y la protección de comunidades y territorios.
Este proceso no sustituye a las COP. Pero puede ayudar a desbloquear una conversación que dentro de las negociaciones formales avanza con dificultad. Su relevancia dependerá de si consigue conectar con la agenda de la COP31 y traducirse en hojas de ruta, compromisos, instrumentos financieros y cooperación real.
Sigue todos los pasos hacia la COP31 AQUÍ.
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