Publicado el jueves 10 de septiembre del 2026

Un plan para ordenar empresas, ciudades y sociedad civil en la acción climática.

Cuando pensamos en una cumbre del clima, pensamos principalmente en gobiernos negociando durante dos semanas. Pero alrededor de las COP existe otro espacio menos conocido en el que participan ciudades, regiones, empresas, inversores, organizaciones sociales y otros actores que también pueden acelerar la transición climática.

Importa porque muchas de las decisiones que determinan si la transición ocurre realmente no se toman dentro de una sala de negociación de Naciones Unidas. 

Conectar esos dos mundos es precisamente una de las funciones de los Climate High-Level Champions, o Champions de alto nivel para la acción climática.

Su figura nació en la COP21 de París, en 2015, con la idea de tender un puente entre los acuerdos alcanzados por los países y la acción del resto de la sociedad. Cada Presidencia de una COP designa a un Champion, que trabaja durante dos años movilizando a actores que no son gobiernos nacionales y conectando sus iniciativas con los objetivos del Acuerdo de París.

Actualmente esa función la desempeñan Dan Ioschpe, por la COP30 de Brasil, y Samed Ağırbaş, por la COP31 de Türkiye. Y acaban de presentar su programa de trabajo para 2026, el primero dentro de una nueva hoja de ruta que llegará hasta 2030.

¿Para qué sirven realmente los Champions?

Los Champions no negocian los acuerdos de las COP ni pueden imponer obligaciones a países o empresas.

Su papel está en otro lugar: movilizar a quienes pueden convertir esos acuerdos en cambios sobre el terreno.

Una ciudad puede transformar su transporte o sus edificios. Una empresa puede cambiar sus procesos industriales y sus cadenas de suministro. Un banco puede decidir dónde invierte. Una región puede proteger sus ecosistemas o adaptar sus infraestructuras. Y organizaciones sociales, universidades o comunidades locales pueden desarrollar y extender soluciones.

Para organizar toda esta actividad existe la Agenda de Acción Climática Global, creada en 2016. Es, en términos sencillos, el marco que utilizan los Champions para conectar y coordinar iniciativas de gobiernos, empresas, ciudades, regiones y sociedad civil alrededor de los grandes objetivos climáticos internacionales.

El nuevo programa intenta que esa enorme red funcione menos como una suma de iniciativas dispersas y más como una estructura orientada a conseguir resultados concretos.

De las promesas a la implementación

Ese cambio no llega por casualidad.

La COP30 de Belém quiso marcar el inicio de una nueva etapa: después de años negociando objetivos y compromisos, el foco debe desplazarse hacia su cumplimiento. La COP31 de Antalya será la primera COP completa bajo este enfoque.

El plan de los Champions para 2026 responde precisamente a esa lógica. Organiza el trabajo alrededor de seis grandes áreas y 30 objetivos, que abarcan prácticamente todos los sectores de la transición: energía, industria y transporte; bosques, océanos y biodiversidad; agricultura y alimentación; ciudades, infraestructuras y agua; salud, educación y desarrollo social; y cuestiones transversales como financiación, tecnología o capacidad institucional. 

Entre ellos aparecen cuestiones muy concretas: triplicar las renovables y duplicar la mejora de la eficiencia energética, abandonar progresivamente los combustibles fósiles de manera justa y ordenada, detener la deforestación, transformar los sistemas alimentarios, construir ciudades más resilientes, reforzar los sistemas sanitarios o movilizar más financiación climática.

120 planes para intentar aterrizar la acción

Pero tener 30 objetivos sigue siendo bastante abstracto. Por eso, una de las piezas centrales del nuevo modelo son los llamados Planes para Acelerar Soluciones.

La idea es relativamente sencilla: para cada problema se intenta reunir a los actores que ya están trabajando sobre él y acordar qué soluciones deben ampliarse, quién puede impulsarlas y qué hitos deberían alcanzarse.

Ya existen 120 de estos planes, y el objetivo durante 2026 es acelerar su ejecución, reducir duplicidades entre iniciativas y medir mejor sus resultados. Cada plan debe identificar soluciones, acciones, responsabilidades y avances esperados hasta 2028.

Esto responde a uno de los problemas históricos de la acción climática alrededor de las COP: la abundancia de anuncios, coaliciones y compromisos es mucho mayor que la capacidad para saber qué se está cumpliendo realmente.

El nuevo programa intenta corregirlo reforzando el seguimiento público. Las iniciativas deberán informar de sus avances y sus compromisos se irán incorporando al portal de acción climática de Naciones Unidas. En junio de 2026, cerca de 300 de las 482 iniciativas vinculadas a esta agenda ya estaban registradas en esa plataforma.

¿Qué tiene que ver todo esto con la COP31?

El programa de los Champions se alinea con las prioridades que Türkiye quiere llevar a Antalya. Entre ellas están la transición energética y la electrificación, las ciudades resilientes, la industrialización verde, la seguridad alimentaria, los océanos, la salud, la juventud y la educación. 

Todo ello refleja una forma de funcionar cada vez más visible en las COP. Por un lado están las negociaciones oficiales entre países, donde se adoptan los acuerdos internacionales. Por otro, existe una agenda voluntaria en la que ciudades, empresas, regiones, inversores y organizaciones pueden avanzar sin esperar a que casi 200 gobiernos acuerden cada paso.

Los Champions sirven de puente entre esos dos niveles. Esta vía puede acelerar soluciones y movilizar recursos, pero tiene un límite claro: sumarse a una iniciativa voluntaria no equivale a asumir una obligación internacional.

Por eso, uno de los aspectos más importantes del nuevo programa es el intento de medir mejor los resultados y hacer seguimiento de los compromisos. Si esta agenda gana peso, no bastará con sumar nuevas coaliciones o anuncios: habrá que demostrar qué emisiones se reducen, qué inversiones se movilizan y qué cambios se consiguen realmente.

Ese será también uno de los exámenes de Antalya: si la COP31 quiere ser una COP de implementación, esta segunda vía tendrá que demostrar que puede convertir compromisos en resultados sin sustituir la responsabilidad de los gobiernos.