Publicado el viernes 19 de junio del 2026

La transición hacia la implementación necesita más ambición, más financiación y menos bloqueos.

Durante dos semanas, Bonn volvió a convertirse en el centro técnico y político de las negociaciones climáticas internacionales. El cierre de la SB64, más conocida como preCOP,  ha estado marcada por la falta de acuerdo en varios puntos de la agenda. Aunque esta cita suele generar menos atención que una COP, lo que ocurre en las sesiones de negociación no es una cuestión menor: alberga debates profundamente políticos sobre cómo transformar el modelo energético y productivo, cómo financiar la acción climática, cómo proteger a las personas más vulnerables o cómo mantener vivo el multilateralismo climático, entre otros.

Las sesiones intermedias de Bonn sirven para preparar de la próxima Cumbre del Clima, en este caso, la COP31, que se celebrará en Turquía. Su función es ordenar debates, avanzar textos, reducir diferencias y dejar lo más preparado posible aquello que los ministros y jefes de delegación de los distintos países deberán acordar después.

Ese era el objetivo, pero el resultado fue más desigual.

Bonn comenzó con cierto optimismo. La agenda se adoptó rápidamente, algo que no siempre ocurre en el proceso climático, y durante los primeros días hubo una sensación de que el multilateralismo todavía podía funcionar. Pero esa impresión se fue emborronando. A medida que avanzaron las negociaciones, en muchos espacios empezaron a mostrarse las mismas fracturas de siempre: quién debe hacer más, quién debe pagar, qué significa realmente la ambición climática, cómo se reparte la responsabilidad histórica y hasta dónde deben llegar los espacios formales de negociación.

El cierre de Bonn estuvo marcado por la falta de acuerdo en varios puntos. En el lenguaje de Naciones Unidas, cuando una negociación no logra adoptar conclusiones, la cuestión puede pasar automáticamente a la siguiente sesión bajo la llamada “Regla 16”. Traducido: no se cierra, no se avanza lo suficiente y se deja para más adelante.

Esto no significa que todo haya fracasado, pero sí muestra una dificultad creciente para convertir conversaciones técnicas en decisiones políticas. El problema no es que Bonn no haya producido grandes anuncios, no está diseñado para eso. El problema es que Bonn debería preparar el terreno para que la COP31 pueda decidir y, en demasiados temas, ese terreno sigue estando lleno de obstáculos. La COP31 no puede empezar desde una página en blanco. Los próximos meses serán decisivos para transformar los debates abiertos en opciones concretas. 

Para entender qué dejó esta cita, y qué deberá resolver la COP31, destacamos algunos de los debates más relevantes.

Un proceso cada vez más orientado a la implementación

Desde la COP30 se repite sistemáticamente la misma idea, el régimen climático internacional ha entrado en una fase de implementación. Es decir, ya no basta con adoptar grandes compromisos globales, ahora hay que demostrar cómo se convierten en políticas, financiación, reducción de emisiones, adaptación real y transición justa.

En Bonn se habló mucho de implementación. Se discutieron nuevos espacios e iniciativas como la Misión Belém para el 1,5 °C, el Acelerador Global de la Implementación, los debates sobre hojas de ruta para abandonar los combustibles fósiles y otros mecanismos que buscan conectar compromisos con acción real.

Esto es positivo. El sistema climático necesita herramientas para acelerar la puesta en marcha de las decisiones adoptadas, pero también plantea una pregunta incómoda, ¿Implementación de qué?

Hablar de implementación sin hablar de reducción de emisiones, financiación pública, adaptación, derechos humanos y transición justa puede convertirse en una forma elegante de evitar las decisiones difíciles. La COP31 tendrá que demostrar que esta nueva arquitectura no sustituye a las negociaciones formales, sino que las refuerza.

La mitigación, el enfoque que no puede desaparecer

Uno de los temas más sensibles en Bonn fue la mitigación, es decir, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Puede parecer una palabra técnica, pero es el corazón del Acuerdo de París. Si el mundo no reduce emisiones de forma rápida y sostenida en esta década, el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C quedará fuera de alcance.

El principal espacio formal para hablar de mitigación dentro del proceso climático es el Programa de Trabajo de Mitigación. Este programa se creó para acelerar la ambición y la implementación durante esta década crítica. En teoría, debería ayudar a los países a identificar soluciones, barreras, necesidades de financiación y oportunidades para reducir emisiones.

En la práctica, su futuro sigue siendo incierto. En Bonn, muchos países defendieron que este programa debe continuar y mejorar. Entre las propuestas planteadas estuvo la de reforzar su vínculo con el Balance Mundial (GST) del Acuerdo de París, conectar sus debates con los nuevos planes climáticos nacionales (NDC), organizar diálogos más útiles y producir resultados más accionables. Otros países, sin embargo, se resistieron a ampliar su mandato, a vincularlo con sectores concretos o a convertirlo en un espacio que oriente de forma más clara la acción climática.

La tensión de fondo es política. Algunos países quieren que el Programa de Trabajo de Mitigación sea un espacio real para discutir cómo cerrar la brecha entre lo que los países prometen y lo que la ciencia indica que hace falta. Otros prefieren mantenerlo como un foro más general de intercambio, sin consecuencias políticas claras. Esto hizo que el resultado en Bonn fuera de bloqueo.

Para la COP31, esta será una cuestión clave. Los países tendrán la oportunidad de comenzar estas conversaciones de nuevo para buscar, en esta ocasión, acuerdos. Si el mundo está entrando en una fase de implementación, necesita un espacio formal donde hablar de reducción de emisiones. No solo en eventos paralelos, no solo en iniciativas voluntarias, sino en el proceso multilateral, con todos los países presentes, con equidad, con apoyo financiero y con responsabilidades diferenciadas.

La mitigación no puede convertirse en la invitada incómoda del proceso climático.

La salida de los combustibles fósiles y sus primeros pasos en el proceso

Otro tema central, tras décadas sin hablar de él, fue cómo avanzar en la transición fuera de los combustibles fósiles. En la COP28, los países acordaron por primera vez la necesidad de transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa. Desde entonces, el reto se ha focalizado en convertir esa frase en políticas concretas.

En Bonn, la Presidencia de la COP30 presentó avances sobre una hoja de ruta para esa transición. El objetivo estaba en pasar del consenso político a planes más concretos sobre cómo reducir la dependencia del carbón, el petróleo y el gas, cómo acelerar las energías renovables, cómo electrificar sectores como el transporte y los edificios, cómo garantizar seguridad energética y cómo evitar que los costes recaigan sobre los países y comunidades con menos recursos.

Este debate es especialmente sensible porque no todos los países parten del mismo lugar. Algunos tienen economías muy dependientes de la producción o exportación de combustibles fósiles. Otros necesitan garantizar acceso a energía asequible. Y muchos países del Sur Global reclaman que la transición solo será justa si viene acompañada de financiación, transferencia tecnológica y margen para desarrollar sus propias estrategias industriales.

La salida de los combustibles fósiles no puede plantearse como una orden abstracta, pero tampoco puede seguir aplazándose. La COP31 deberá avanzar en una conversación más concreta sobre cómo hacer posible esa transición, quién debe moverse primero y más rápido, y qué apoyo necesitan los países con menos recursos para no quedar atrapados en modelos energéticos vulnerables, contaminantes y cada vez más arriesgados.

La adaptación, además de  indicadores, requiere financiación

La adaptación fue otro de los grandes temas en la cita de Bonn. Adaptarse al cambio climático significa preparar infraestructuras, sistemas de salud, agricultura, ciudades, ecosistemas y comunidades para resistir los impactos que ya están ocurriendo, como las olas de calor, inundaciones, sequías, incendios, subida del nivel del mar o pérdida de medios de vida.

En la COP30 se avanzó en la definición de indicadores para medir el progreso hacia el Objetivo Global de Adaptación. Esto es relevante porque durante años la adaptación ha estado menos desarrollada que la mitigación dentro del proceso climático. Medir mejor puede ayudar a saber si los países están realmente aumentando su resiliencia.

Una vez más, en Bonn, el resultado fue el bloqueo. Entre las demandas de financiación, de operacionalización del proceso y la necesidad de recursos técnicos los países no encontraron un espacio de acuerdo. 

De la misma manera, se bloqueo el desarrollo deel Fondo de Adaptación, uno de los instrumentos más importantes para financiar proyectos concretos en países en desarrollo. En Bonn, se debatieron cuestiones relevantes para avanzar en su desarrollo alineado con el Acuerdo de París como la composición de su Junta, su futura revisión y la forma de activar nuevos ingresos procedentes de los mecanismos de mercado. Aunque hubo algunos avances procedimentales, las diferencias políticas siguieron siendo importantes.

Este punto será decisivo en la COP31. Si la adaptación se queda en el desarrollo de metodologías, informes e indicadores, no responderá a la realidad de millones de personas que ya viven los impactos del cambio climático. La adaptación necesita métricas, sí, pero también necesita financiación, capacidades, tecnología, acceso directo a fondos y planificación territorial.

La financiación climática, el eje en el que pivotan todas las negociaciones

Casi todos los debates en Bonn terminaron atascados enla misma cuestión, la financiación.

Esta no es una cuestión aislada, está detrás de la mitigación, la adaptación, la transición justa, la tecnología, la transparencia y la capacidad de los países para cumplir sus planes climáticos. Sin recursos, muchos compromisos no son más que papel mojado.

Los países del Sur Global insistieron en que la financiación pública de los países desarrollados sigue siendo insuficiente, difícil de acceder y, en muchos casos, de baja calidad. Esto significa que llega en forma de préstamos en lugar de subvenciones, que aumenta la deuda, que no se adapta a las necesidades reales o que exige procesos burocráticos demasiado complejos.

También hubo tensiones sobre el resultado de la COP29 en materia de financiación climática. Muchos países consideran que el nuevo objetivo acordado en 2024 no responde a la escala de las necesidades. Además, el contexto internacional no ayuda. Varios programas de cooperación están reduciéndose, y la salida de Estados Unidos de la CMNUCC amenaza con generar nuevas dificultades presupuestarias para el propio sistema de Naciones Unidas sobre cambio climático.

La COP31 tendrá que abordar esta crisis de confianza. La acción climática global no puede sostenerse sobre promesas de implementación si quienes tienen menos responsabilidad histórica y más vulnerabilidad no reciben apoyo suficiente para actuar.

La transición justa avanza, pero quedan muchas preguntas abiertas

La transición justa fue uno de los espacios donde sí se observaron algunos avances. El debate parte de una idea sencilla, la transición hacia economías bajas en carbono no puede hacerse a costa de trabajadores, comunidades, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes o territorios dependientes de actividades intensivas en carbono.

En Bonn se discutió cómo poner en marcha el mecanismo de transición justa aprobado en la COP30. Este mecanismo debería ayudar a que la transformación económica se haga con protección social, empleo digno, participación, derechos laborales, formación, diversificación económica y apoyo a las comunidades afectadas.

Hubo cierto progreso en textos y en la identificación de elementos comunes, pero siguen abiertas preguntas importantes: qué forma tendrá el mecanismo, cómo se gobernará, si tendrá capacidad real para movilizar apoyo, cómo se relacionará con otros espacios de la Convención y cómo evitar que se convierta en un foro más sin impacto práctico.

Para los representantes de la sociedad civil, la transición justa no puede quedarse en un lenguaje amable, debe traducirse en herramientas reales, financiación suficiente y participación efectiva de quienes viven las consecuencias de la transición en primera línea.

Comercio, medidas unilaterales y nuevas tensiones geopolíticas

Bonn también mostró que la agenda climática está cada vez más conectada con las tensiones comerciales y geopolíticas. Varios países del Sur Global expresaron su preocupación por medidas como los ajustes de carbono en frontera, las barreras comerciales verdes o las políticas industriales que pueden afectar a sus exportaciones.

El debate no es sencillo. Por un lado, las políticas climáticas deben acelerar la descarbonización y evitar la competencia desleal basada en contaminación. Por otro, si se diseñan sin equidad ni cooperación, pueden perjudicar a países con menos capacidad tecnológica y financiera.

La serie de diálogos sobre comercio y clima iniciada en Bonn refleja esta tensión. La COP31 tendrá que gestionar un equilibrio difícil: evitar que la transición ecológica se convierta en una nueva fuente de desigualdad internacional, sin permitir que el argumento comercial bloquee la ambición climática.

Otros espacios de disputa: Ciencia, transparencia y participación

Más allá de los grandes temas de la agenda climática, Bonn mostró una disputa creciente sobre cómo debe funcionar el proceso climático. Hubo debates sobre la eficiencia de las reuniones, la acumulación de puntos de agenda, la participación de observadores, la seguridad de los defensores ambientales, los visados, la accesibilidad para personas con discapacidad y la transparencia de las delegaciones.

También hubo tensiones sobre el papel que juega la ciencia en el proceso. Algunos países insistieron en reforzar la conexión con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y en garantizar que el segundo Balance Mundial pueda alimentarse de la mejor evidencia disponible. Otros alertaron contra posibles extralimitaciones de mandato o cuestionaron referencias a conceptos como puntos de inflexión, sobrepasamiento temporal del 1,5 °C o escenarios de transformación.

Esto importa porque el proceso climático no solo negocia contenidos. También negocia qué información se considera legítima, quién puede participar, cómo se toman decisiones y qué temas entran o salen de la conversación.

Un multilateralismo climático eficaz no puede ser solo universal en teoría. Debe ser accesible, transparente, seguro, basado en la ciencia y capaz de escuchar a quienes están más afectados por la crisis climática.

Desde AmbiciónCOP seguimos trabajando en el seguimiento de la Agenda Climática, para que los acuerdos que se realicen se traduzcan en implementación.

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