Geopolítica climática: lo que realmente está pasando
El pasado 30 de junio a las 16:00 (CET), desde AmbiciónCOP organizamos el seminario interactivo “Geopolítica climática: lo que realmente está pasando”, un espacio breve, dinámico y participativo para descifrar las principales señales políticas que están marcando la gobernanza climática internacional de cara a la COP31.
En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, conflictos armados, incertidumbre económica y creciente presión sobre el multilateralismo, la conversación permitió identificar tres señales que, lejos de pasar desapercibidas, muestran que la acción climática internacional continúa evolucionando.
A través del diálogo entre nuestra compañera Philippine Ménager, responsable de AmbiciónCOP en ECODES, y Camila Augustin Mercure, coordinadora de Política Climática de FARN y co-coordinadora de los grupos de Transición Justa de Climate Action Network (CAN) y Energía de CAN Latinoamérica (CANLA), el encuentro analizó tres hitos recientes: la Conferencia de Santa Marta sobre la transición fuera de los combustibles fósiles, la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia y los resultados de las negociaciones intermedias de Bonn (SB64).
Los tres procesos reflejan transformaciones profundas en la gobernanza climática.
La transición energética ya no consiste únicamente en cambiar tecnologías, sino en transformar modelos económicos y de desarrollo
Uno de los principales mensajes del encuentro fue que la transición energética ha dejado de abordarse únicamente desde la reducción de emisiones. Cada vez aparece más vinculada a cuestiones de seguridad energética, política industrial, estabilidad económica y resiliencia territorial.
La Conferencia de Santa Marta ejemplifica bien este cambio de enfoque. El debate ya no gira únicamente en torno a la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, sino sobre cómo hacerlo de forma ordenada, justa y viable para economías con realidades muy diferentes. La conversación incorpora ahora cuestiones como la financiación, la deuda, el comercio internacional o la dependencia fiscal de los países productores.
La justicia climática entra en una nueva dimensión
El segundo hito analizado fue la resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, respaldada por 141 países, que solicita a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) una Opinión Consultiva sobre las obligaciones de los Estados frente al cambio climático.
Más allá de su dimensión jurídica, durante el seminario se destacó el valor político de este proceso. Por primera vez, la comunidad internacional plantea de forma explícita que la crisis climática no es únicamente una cuestión de compromisos voluntarios, sino también de responsabilidad internacional. Aunque la opinión de la Corte no será jurídicamente vinculante, puede convertirse en una referencia de gran peso para futuras negociaciones, litigios climáticos y políticas nacionales.
La iniciativa, impulsada por Vanuatu junto a otros pequeños Estados insulares especialmente vulnerables, refleja además otra tendencia que está transformando la gobernanza climática: el creciente protagonismo de actores tradicionalmente periféricos. En un sistema internacional cada vez más fragmentado, las comunidades más expuestas a los impactos del cambio climático están consiguiendo situar sus prioridades en el centro del debate internacional, reforzando la conexión entre acción climática, derechos humanos y justicia.
Bonn: avances técnicos y disputa política
El tercer eje del encuentro fue Bonn (SB64), la última gran parada técnica antes de la COP31. Aunque no dejó grandes titulares, sí permitió avanzar en algunos elementos del proceso climático: mantener abiertas las discusiones sobre adaptación, transición justa, financiación e implementación del Balance Global.
Pero Bonn también mostró una tensión de fondo. Algunos actores ya no cuestionan abiertamente la acción climática, sino que desplazan el debate hacia narrativas de retraso: costes, seguridad energética, competitividad o supuesta falta de realismo. No niegan la transición, pero intentan ralentizarla.
Frente a ello, otras voces siguieron empujando con fuerza para mantener la ambición, defender la ciencia y exigir que los compromisos ya acordados, incluida la transición fuera de los combustibles fósiles, se traduzcan en decisiones concretas.
En este sentido, Bonn dejó una señal clara para la COP31: el reto no será solo técnico, sino político. La disputa estará en cómo convertir los acuerdos existentes en implementación real, en un contexto donde la narrativa climática se ha convertido también en un campo de batalla.
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