¿Hasta dónde llega la ambición climática de India?
Entre crecimiento, carbón y renovables, el país define su estrategia hasta 2035.
Cuando el calendario climático marcaba la necesidad de llegar a la anterior COP de Belém con nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), India ha aprobado ahora su NDC para el periodo 2031–2035, consolidando su estrategia en un momento en el que las grandes economías deben definir su trayectoria climática para la próxima década.
La publicación no llega en un contexto neutral. En los días previos, Francia llegó a plantear la posibilidad de bloquear fondos europeos destinados a la descarbonización de India si el país no refuerza sus compromisos climáticos. Este tipo de tensiones refleja una dinámica cada vez más presente en la gobernanza climática: la ambición climática empieza a estar directamente vinculada a relaciones económicas y financieras internacionales.
Como tercer país emisor mundial, responsable de aproximadamente el 7% de las emisiones globales, el posicionamiento de India tiene un peso fundamental en la trayectoria climática global.
Una planificación climática intermedia
La nueva NDC mantiene una lógica ya conocida en la estrategia india: avanzar en la transición energética sin asumir compromisos de reducción absoluta a corto plazo.
El enfoque se articula principalmente en torno a tres elementos:
- la reducción de la intensidad de emisiones del PIB,
- el aumento de la capacidad eléctrica no fósil,
- y la consolidación de objetivos de despliegue tecnológico.
En este último punto, India reafirma su objetivo de alcanzar 500 GW de capacidad eléctrica no fósil en 2030, apoyándose en un crecimiento acelerado de las renovables. El país ya ha superado los 180 GW de capacidad renovable instalada, situándose como uno de los mercados más dinámicos a nivel global, especialmente en energía solar.
Este enfoque permite mostrar avances tangibles en transición energética, al tiempo que mantiene margen para el crecimiento económico. Sin embargo, también define los límites de la ambición: la NDC no incluye una fecha para el pico de emisiones, un elemento clave para evaluar la compatibilidad con el objetivo de 1,5 ºC.
El peso estructural del carbón
Este equilibrio se entiende mejor al observar la estructura energética del país.
A pesar del crecimiento de las renovables, el carbón sigue representando aproximadamente el 70% de la generación eléctrica. Esta dependencia no es coyuntural, sino estructural: responde a la disponibilidad doméstica del recurso, a su bajo coste relativo y a la necesidad de garantizar un suministro estable para una economía en expansión.
En este contexto, la NDC no plantea una eliminación progresiva del carbón a corto plazo. Esto limita el impacto de los compromisos en términos de reducción absoluta de emisiones, pero también refleja una prioridad clara: la seguridad energética y el desarrollo económico siguen siendo condicionantes centrales de la acción climática india.
De hecho, esta lógica se alinea con una posición sostenida por el país en las negociaciones internacionales: sus emisiones per cápita continúan siendo inferiores a las de los países desarrollados, mientras que sus necesidades de desarrollo siguen siendo elevadas. Bajo este marco, India defiende que su contribución debe evaluarse en términos relativos (intensidad y transición progresiva) más que en reducciones absolutas inmediatas.
Transición energética como estrategia económica
Más allá de los objetivos climáticos, la NDC también se inserta en una estrategia más amplia de posicionamiento económico.
India está apostando por sectores clave de la transición energética (como el hidrógeno verde, la fabricación de baterías o el acceso a minerales críticos) con el objetivo de consolidar capacidades industriales propias y reducir dependencias externas.
Esta dimensión refleja una tendencia cada vez más evidente en la gobernanza climática global: la transición energética ya no es solo una cuestión ambiental, sino también industrial y geopolítica.
Financiación, equidad y próximas negociaciones
En paralelo, India ha reiterado que un aumento de su ambición climática dependerá del acceso a financiación internacional y transferencia tecnológica. Este punto será central en las próximas negociaciones, especialmente en el debate sobre los nuevos objetivos globales de financiación climática.
La interacción entre estos elementos (ambición, financiación y desarrollo) ilustra uno de los principales retos del sistema climático internacional: cómo alinear las necesidades de crecimiento de las economías emergentes con los objetivos globales de reducción de emisiones.
En este sentido, el caso de India anticipa algunas de las tensiones que marcarán las próximas COP, incluida la COP31: el ritmo de salida de los combustibles fósiles, el reparto de esfuerzos y la credibilidad de las trayectorias compatibles con 1,5 ºC.
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