El martillo ha caido, el clima no espera
Lo improbable es por definición probable.
En un momento en el que el mundo avanza entre tensiones geopolíticas, guerras comerciales, crisis internas y crecientes dinámicas de desinformación, lograr que 194 países y alrededor de 56.000 personas, entre negociadores, comunidades indígenas, sociedad civil, empresas, científicos, ciudades, jóvenes, se sienten dos semanas a hablar exclusivamente de la crisis climática ya supone un éxito. La organización de una cumbre del clima, en este contexto de fragmentación, es una muestra de que el multilateralismo sigue siendo una opción adecuada para la resolución conjunta de problemas, incluso asumiendo que no es perfecto y que en ocasiones parece tambalearse.
Dos semanas de calor intenso, lluvias torrenciales e inundaciones, algún disturbio y hasta un incendio, han definido un camino intenso para la llamada COP de la verdad. El “Mutirão” se convirtió en la palabra emblemática de esta cumbre. Más que un concepto, fue una declaración de intenciones, la idea brasileña de movilización colectiva y cooperación práctica. Ha sido la táctica empleada por la Presidencia de la COP30 para desbloquear negociaciones estancadas, agrupando en un único espacio cuatro temas altamente políticos, y profundamente interconectados, que estaban bloqueando el avance general.
Mutirão también un ejemplo para que la sociedad global mantenga un espacio de encuentro donde exista la obligación de escucharse, aunque sea entre desacuerdos, intereses y silencios incómodos, una cuestión que deberíamos dar por segura. En un sistema internacional marcado por retrocesos en la participación, las COP siguen siendo uno de los pocos foros donde aún se intenta construir soluciones colectivas frente a uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos, frenar el cambio climático.
Fuente: Reivindicación social de los movimientos ambientales, COP30. Equipo AmbiciónCOP.
Llegamos a la jornada de cierre del sábado después de un día y una noche de intensas negociaciones. El plenario de clausura ha comenzando con dos horas de reatraso, con una gran expectación por acceder a la sala. La adopción de los textos, que parecía avanzar sin sobresaltos, se vio interrumpida por un problema de procedimiento. Panamá quería intervenir antes de la aprobación de los indicadores del Objetivo Global de Adaptación y Uruguay pretendía hacer lo mismo respecto al Programa de Trabajo de Mitigación de Sharm El Sheik (MWP). Sin embargo, el martillo cayó demasiado rápido, sin que el presidente revisará si había discrepancias en la sala, y sus intervenciones no fueron escuchadas. Una vez aprobado un texto, que se hace tras la caída del martillo, ya no puede reabrirse.
Varias Partes, entre ellas la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), Sierra Leona, la Unión Europea y Canadá, expresaron su decepción por un proceso que, en su opinión, no respetó plenamente el principio de consenso, especialmente en documentos sobre los que deberán trabajar a partir de ahora. Colombia fue especialmente contundente, insistiendo en que los diálogos de 2026 del MWP deberían incluir la transición progresiva hacia la eliminación de los combustibles fósiles: “No es comprensible que no actuemos sobre la base de la mejor ciencia disponible, que indica que es necesaria esta transición. Desde la COP30, ¿qué mensaje le damos al mundo?”.
Esta intervención ha generado un receso ya que había que confirmar si los acuerdos habían sido ya tomados. Tras una hora, se confirmaba que las decisiones eran firmes y que la objeción no era pertinente.

Fuente: Suspensión del plenario de clausura, COP30. Equipo AmbiciónCOP.
El resultado ha sido el Global Mutirão: Uniting humanity in a global mobilization against climate change que, junto al resto de decisiones de la COP30, integran el Paquete Político de Belém:
- La creación de un mecanismo para la transición justa, que era una de las prioridades reclamadas por la sociedad civil. Su aprobación queda pendiente de desarrollo de su diseño, alcance y funciones, lo que tendrá que aprobarse en la próxima cumbre.
- En materia de mitigación, no se ha alcanzado un acuerdo que acelere la ambición y la implementación. No se ha avanzado en la hoja de ruta sobre la transición para la salida de los combustibles fósiles, ya recogida en el acuerdo de la COP28 celebrada en Dubái en 2023. Esta discusión, impulsada con firmeza por Colombia y 24 países que firmaron la Declaración de Belém (y el apoyo de más de 50 países), no llegó a la agenda formal y quedó relegada a conversaciones bilaterales. A lo largo de la segunda semana, ha sido una de las cuestiones centrales del proceso ya que se integró en el mutirão vinculado a la brecha de ambición y a los progresos del plan de trabajo de mitigación. Con la mirada puesta en el Foro de Santa Marta, en abril de 2026, se espera que esta coalición pueda fortalecerse y llegar con propuestas más estructuradas a la COP31, que se celebrará en Turquía con la copresidnecia de Australia.
- La Presidencia de la COP30 va a poner en marcha un diálogo mutirão para proponer hoja de ruta sobre la transición para la salida de los combustibles fósiles, que estará basada en las disposiciones de la ciencia y será incluyente, integrando a países y sectores involucrados. Además de participar en la reunión de Colombia, se presentarán las conclusiones en la COP31.
- La ciencia logró mantener un papel central en los textos finales, con referencias explícitas al límite de 1,5 ºC y al trabajo del IPCC, reafirmando la necesidad de que las decisiones políticas se anclen en la evidencia científica disponible. En relación a las contribuciones nacionales determinadas (NDC), se hace un llamamiento a su implementación plena y al incremento de la ambición, acompañado de un diálogo impulsado por la Presidencia de la COP30, que presentará un informe de resultados en la COP31. A ello se suma un proceso voluntario orientado a acelerar la aplicación de las conclusiones del Primer Balance Global (GST).
- La adaptación, que debía ser uno de los ejes centrales de esta cumbre, para alcanzar un equilibrio con los esfuerzos de mitigación se ha quedado diluida. El debate se concentró en la definición de los indicadores necesarios para fijar un Objetivo Global de Adaptación, pero el proceso debe seguir al aprobarse un texto con objeciones. Se han aprobado 59, de un listado de 100.
- A pesar del bloqueo político, se acordó buscar la manera de triplicar la financiación para la adaptación en 2035, tomando como referencia los niveles de 2025. Es un avance, pero insuficiente frente a la magnitud de los impactos que ya enfrentan los países más vulnerables.
- La financiación era uno de los grandes puntos de tensión, especialmente ante la necesidad de aclarar cómo se implementará el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificable (NCQG) fijado en Bakú, y que implica la movilización de 300.000 millones de dólares anuales hasta 2035. Además de un diálogo ministerial de alto nivel sobre la provisión del NCQG y la movilización de financiación pública, se aprobó un programa de trabajo de dos años sobre el artículo 9 del Acuerdo de París, destinado a profundizar en cuestiones estructurales de apoyo financiero a la acción climática.
- Se ha aprobado el nuevo Plan de Acción de Género, que representa un avance respecto a versiones anteriores incluyendo mejoras terminológicas, como el uso más consistente del concepto de «género» frente a «sexo». Sin embargo, sigue siendo limitado ya que carece de un enfoque verdaderamente transformador y no incorpora de manera suficiente la interseccionalidad, especialmente en lo relativo a las personas con discapacidad, un grupo sistemáticamente invisibilizado en las políticas climáticas.
- En relación a los mercados de carbono, tanto el marco del artículo 6.2 como el del 6.4 volvieron a ser objeto de intensas negociaciones. Se volvieron a suceder intentos de introducir cambios sobre lo ya definido en anteriores cumbres, que habría reducido los estándares de integridad ambiental y calidad del mecanismo. Esta cuestión ha sido un eje fundamental de preocupación entre expertos y organizaciones que defienden salvaguardas más robustas para los mecanismos.
- También se reafirma la importancia de detener la deforestación, y cumplir con el objetivo de reducirla para 2030 recogido en el artículo 5 del Acuerdo de París, reconociendo su papel estratégico para mantener la meta de 1,5 ºC. La Presidencia de la COP30 también va a poner en marcha un diálogo mutirão para elaborar una hoja de ruta para detener la deforestación.
Antes del plenario, y a la espera de los resultados, en unas declaraciones informales de representantes de la UE, exponían que la declaración no es el mejor texto posible porque consideran que "la verdad" es la ambición. Lo apoyan para evitar los retrocesos que se han pretendido en la mesa de negociación, que consideran inaceptables. El texto no es todo lo ambicioso que debería pero, anclados en la ciencia y en la unión, consideran que la referencia en el plan de respuesta, sin mencionar la transición progresiva sobre los combustibles fósiles, considera de manera explicita todos los elementos que se han definido a lo largo de las COP, incluyendo los compromisos adquiridos en Dubái. Reconocen que "El Acuerdo de París sigue vivo, pero tenemos que ir más rápido. La clave está en no retroceder".
Una COP nunca se define por un solo resultado. No basta con celebrar un avance puntual ni con lamentar un retroceso concreto. Una cumbre climática es siempre un equilibrio entre diversas decisiones, una arquitectura donde cada pieza depende de las demás: mitigación, adaptación, financiación, transparencia, transición justa, pérdidas y daños, bosques, participación.
Fuente: Entrada en un plenario, COP30. Equipo AmbiciónCOP.
Por eso, evaluar una cumbre requiere elevar la mirada y verla en conjunto, no una decisión en particular. El éxito no está en un titular, sino en si los países logran consolidar un conjunto de medidas coherente, donde los avances en un área no oculten las brechas en otra. Por ejemplo, se puede dar un gran paso con relación a la transición sobre los combustibles fósiles y, al mismo tiempo, diluir las cuestiones de adaptación. O puede avanzar en los temas de transparencia, pero no en la financiación. La cuestión fundamental radica en alcanzar un paquete de soluciones que mueva todo el sistema, no un éxito aislado en una cuestión concreta.
Una de las sombras más persistentes de esta COP ha sido la falta de transparencia. Muchas de las decisiones clave se negociaron detrás de las cortinas, en espacios cerrados donde los observadores de la sociedad civil - que representan a quienes viven los impactos del clima en primera línea - quedaron en la oscuridad, sin acceso ni capacidad real para ejercer presión pública. Esta opacidad debilita la confianza y dificulta que el proceso responda a las personas y no solo a los equilibrios diplomáticos.
De todas formas, la sociedad civil ha vuelto a las calles tras tres ediciones consecutivas celebradas en países con fuertes restricciones a las libertades civiles. Belém ofreció un grado de apertura y participación que no se veía desde la COP26 celebrada en Glasgow en 2021. Esta vez, fue posible una movilización en el espacio público, recordando que la presión social sigue siendo un motor indispensable para la ambición climática.
Por este motivo, las negociaciones nunca son lineales. Se desarrollan en un terreno cargado de tensiones, donde chocan alianzas cambiantes, intereses nacionales y visiones muy distintas de lo que significa “ambición”. La COP30 no fue diferente.
Fuente: Bloqueo de la entrada al recinto el 14 de noviembre, COP30. Equipo AmbiciónCOP.
La Unión Europea llegó a Belém reivindicando liderazgo, apoyado en su sólida legislación interna, su apoyo a la financiación climática global, su trayectoria en mitigación y su compromiso con el 1,5 C. Pero llegó tarde a debates clave. Un retraso que abre preguntas sobre su estrategia y sobre el impacto del giro político interno. Pese a ello, la UE sigue siendo un actor central y acabó la COP defendiendo con claridad sus “líneas rojas”, incluida la hoja de ruta para la salida de los combustibles fósiles.
En este escenario, España destacó por una posición cohertente con su trayectoria. Defendió la ambición climática basada en la ciencia y una transición energética alineada con el 1,5 ºC, sin dejar a nadie atrás. También, ha sido uno de los principales contribuyentes financieros a los fondos de la CMNUCC.
En América Latina, las posiciones volvieron a fragmentarse. Colombia, Panamá y México se alinearon con la UE defendiendo mayor ambición y la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. En contraste, Cuba, Bolivia, Venezuela y Uruguay se situaron junto al bloque árabe y China, cuestionando avances en mitigación y enfoque científico, y priorizando financiación, responsabilidad histórica y adaptación.
Fuente: COP30. Equipo AmbiciónCOP.
La Agenda Global de Acción Climática (ACCG) también dio pasos importantes. En la cumbre se ha reestructurado para acercarse aún más al proceso negociador, reforzando sus vínculos con la CMNUCC y organizando su trabajo con una arquitectura más clara, más operativa y orientada a resultados. En un contexto donde las negociaciones formales siguen atrapadas en líneas rojas, la Agenda volvió a demostrar que es un espacio capaz de avanzar más rápido, de impulsar soluciones concretas y de mantener la ambición cuando los textos oficiales se estancan.
Sociedad civil, inversores, empresas, ciudades, bancos, universidades y redes comunitarias coincidieron en un mensaje que se repitió a lo largo de toda la COP: la acción climática no sólo es necesaria, sino que es imparable, y la gran mayoría de los actores no estatales quiere ir más rápido y más lejos.
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