Publicado el miércoles 19 de noviembre del 2025

Sin agricultura resiliente, no hay seguridad alimentaria. Sin seguridad alimentaria, no hay estabilidad. Sin estabilidad, no hay transición posible.

La agenda del día avanza presentando novedades respecto a cuestiones como la alimentación, la agricultura y la equidad en sus raíces. Se percibe una tensa calma, todo ocurre fuera de cámara, a la espera del resultado del mutirão y los avances en el proceso de negociación.

En Belém, donde la selva se mezcla con la ciudad, conversar de agricultura no es un gesto programático. La nueva evaluación sobre desastres al sistema agroalimentario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo deja claro. En los últimos 33 años, los desastres climáticos han generado 3,26 billones de dólares en pérdidas agrícolas, el equivalente al 4% del PIB agrícola mundial. Asia concentra casi la mitad de estas pérdidas, pero África es el más afectado en proporción, con un 7,4% del PIB agrícola perdido por sequías, inundaciones, plagas o eventos extremos cada vez más frecuentes. 

Como se recoge en un estudio elaborado por la FAO y la OMM en el que se analiza el impacto del calor extremo, como multiplicador de riesgos, y sus efectos en los sistemas agroalimentarios a nivel mundial. Los daños a la producción causados por el calor extremo son generalizados en todo el sector agrícola. Por ejemplo, se prevé que los rendimientos de cultivos básicos como el maíz y el trigo disminuyan hasta un 10% por cada 1 °C de calentamiento adicional. El informe analiza diversos impactos del calor extremo en los productores agrícolas y en los cultivos, el ganado, la pesca y la acuicultura, y los bosques de todo el mundo. Y llega a una conclusión, es necesario implementar con urgencia medidas de mitigación y presenta vías para reforzar la resiliencia y la sostenibilidad en todos los sectores agrícolas (ver enlace).

El impacto del cambio climático y las medidas para combatirlo desde los sistemas agroalimentarios son fundamentales ya que estos suponen el 30% de las emisiones mundiales, según la FAO (ver enlace). En el documento, presentado en la COP30, se reconoce que las emisiones del sector han crecido a un ritmo de alrededor del 1% anual en los últimos veinte años, mucho menos que las emisiones de la economía en su conjunto. El mismo informe subraya que las emisiones por valor de la producción agrícola han disminuido desde 2001 en un 25% dentro de las explotaciones agrícolas y en un 13% por superficie de tierras agrícolas.

Fuente: Plantaciones de una bodega en Tarija, Bolivia. Equipo AmbiciónCOP.

Esta cuestión es muy relevante porque la propia FAO asegura que, solo el 40% de los planes climáticos (NDC), tienen referencias concretas a evaluaciones de riesgos y vulnerabilidad climática en los sistemas agroalimentarios. Y solo el 20% plantea la posibilidad de alinear su planificación con los objetivos de para la alimentación y la agricultura del Objetivo Global de Adaptación (GGA, por sus siglas en inglés). Y esto, cuando más de la mitad de los planes reconocen impactos en la producción agrícola y las cadenas de valor relacionados con el cambio climático, y el 54% de daños en los ecosistemas y la biodiversidad que sustentan la alimentación y la agricultura (ver enlace).

Ya son 119 los países que han presentado sus contribuciones nacionales determinadas con objetivos de reducción a 2035 a la CMNUCC. Los últimos países en incorporarse han sido México y Costa Rica. Para hacer seguimiento de los NDC de los países ver el siguiente enlace.

Esta semana también ha trascendido la noticia de que Corea del Sur se ha convertido en el primer país asiático con capacidad significativa de carbón en unirse formalmente a la Alianza para Abandonar el Carbón (PPCA, por sus siglas en inglés). Como parte de este compromiso, el país se compromete a retirar la energía de carbón para 2040. De las 62 centrales en funcionamiento, 40 ya fijaron fechas de cierre (ver enlace).

Hablar de agricultura en Brasil tiene diferentes caras. El país, a la vez, tiene una huella de carbono con un peso importante de emisiones en el sector agrícola y alrededor del 20,5% de la población en riesgo de inseguridad alimentaria moderada o severa (datos de 2020). Para suplir en parte estas carencias, la Fundación Rockefeller lanzó hace unos días una inversión de 5,4 millones de dólares para fortalecer los sistemas alimentarios brasileños, conectando agricultura regenerativa con el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE). Doce organizaciones trabajarán con pequeños agricultores para regenerar suelos, aumentar la biodiversidad y llevar alimentos saludables y locales a millones de estudiantes. 

Fuente: Mercado en Belém. Equipo AmbiciónCOP.

Un anuncio que refleja el impulso de la Agenda Global de Acción, impulsada por los Climate High-Level Champion, y su Plan to Accelerate Solutions on Regenerative Agriculture. Se suma a esta inciativa la Food Waste Breakthrough, lanzada para ayudar a las ciudades a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos, disminuir las emisiones de metano y reducir el hambre urbano. Este panorama conecta directamente con la Belém Declaration on Hunger, Poverty and People-Centered Climate Action, adoptada por 43 países y la UE, que apuesta por fortalecer la protección social y apoyar la adaptación de las explotaciones de pequeños agricultores.

Se habla habitualmente de los participantes en la COP30 representando a la industria de los combustibles fósiles. Pero, en relación a la industria agroaliementaria, ocurre algo similar. Según DeSmog y The Guardian, más de 300 personas vinculadas al sector están acreditados en la COP30, un 14% más que el año pasado (por ejemplo, la cifra supera a la delegación oficial de Canadá, décima economía del planeta).

De los 77 grandes grupos de presión agrícolas, uno de cada cuatro participa en la cumbre como parte de una delegación oficial de un país (ver enlace).

Cabe destacar también la Alliance of Champions for Food Systems Transformation. La alianza ha incorporado tres nuevos miembros, Colombia, Italia y Vietnam, que junto a los 5 países fundadores reconocen que la transformación de los sistemas alimentarios requiere coordinación entre agricultura, medio ambiente, salud, comercio y finanzas para combinar las fuentes de financiación y armonizar las políticas. 

Entre las entre las actividades de esta jornada dos actividades relevantes más:

  • La presentación del programa New Finance Accelerator (RAIZ), que tiene como objetivo restaurar millones de hectáreas de tierras agrícolas degradadas, alredor del 20% de las casi mil millones de hectáres, en todo el mundo. Con el apoyo de nueve países, pretende movilizar la financiación necesaria para actuar a gran escala, ayudando a los gobiernos a mapear las tierras degradadas, identificar proyectos de restauración viables y desarrollar instrumentos de financiación que puedan atraer capital privado. Los responsables del programa afirman que resturando tan solo el 10% de las tierras de cultivo degradadas se podrían generar 44 millones de toneladas de alimentos al año. El nuevo acelerador de Inversiones en Agricultura Resiliente para la Degradación Neta Cero de la Tierra (RAIZ) está liderado por Brasil, con el respaldo de Australia, Canadá, Alemania, Japón, Arabia Saudita, Nueva Zelanda, Noruega, Perú y el Reino Unido.
  • El anuncio de un plan conjunto de Brasil y el Reino Unido acelerar la transición mundial hacia fertilizantes bajos en carbono, destacando la necesidad de nuevos estándares, incentivos de mercado y programas de inversión destinados a reducir las emisiones de uno de los sectores que más contribuyen al cambio climático (ver enlace). El plan pretende crear la primera norma internacional para fertilizantes de bajas emisiones, iniciativas para la creación de demanda, búsqueda de inversión para plantas de fertilizantes con bajas emisiones de carbono y una última fase de alianzas en la cadena de valor.  El plan respalda la Declaración de Belém sobre Fertilizantes que cuenta con el apoyo del CGIAR, la FAO, la Agencia Internacional de Energía, la Asociación Internacional de Fertilizantes, la ONUDI, el Banco Mundial, el Instituto de Recursos Mundiales y las principales coaliciones industriales y financieras. 

La alimentación también se cuela en las negociaciones oficiales. Además de la discusión sobre las emisiones del sector, especialmente el metano, sigue en curso el Programa de Trabajo conjunto de Sharm el-Sheikh sobre la implementación de acciones climáticas en materia de agricultura y seguridad alimentariaSin embargo, las conversaciones quedaron suspendidas abruptamente la semana pasada y las Partes acordaron retomar el texto, que incluye propuestas que van desde la agroecología a la agricultura de precisión, el año que viene en las sesiones interminesteriales de Bonn. 

¿Y China en todo esto?

Es el mayor emisor de metano del mundo y, en su caso, el sector agrícola representa el 41% del total de sus emisiones nacionales. Aunque su nueva NDC no fija un objetivo específico de metano, incluye dos medidas relevantes:

  • Controlar eficazmente las emisiones de metano en los sectores energético, agrícola y de residuos, promoviendo biogás y gestionando científicamente la fermentación entérica;
  • Optimizar cultivos y ganado, y escalar prácticas agrícolas verdes y eficientes. Según el análisis del Institute for Global Decarbonization Progress (IGDP), China podría reducir hasta 65 MtCO₂e agrícolas para 2060 con estas medidas. Una señal poderosa de hacia dónde puede avanzar la acción climática alimentaria.

Más información sobre las emisiones de metano en el mundo, ver enlace.

Mientras tanto, las negociaciones se siguen llevando a cabo de manera privada e intensa, para cerrar la decisión mutirão y avanzar hacia un acuerdo final más amplio. Los nuevos textos y el plenario propuesto para esta tarde no han llegado. No ha trascendido en todo el día más información que la facilitada por alguna rueda de prensa y declaraciones informales de los responsables políticos. Y que el secretario general de NN.UU., António Guterres, ha participado en el trabajo de facilitación, que se ha desarrollado a puerta cerrada.

El día, por tanto, se ha movido dentro de parámetros estratégicos en los que las Partes van definiendo sus posiciones respecto a los textos presentados por la Presidencia de la COP30, que no se han hecho públicos hasta el momento. En el centro del debate, sigue la presión sobre la hoja de ruta para la transición hacia la eliminación de los combustibles fósiles. Informalmente, se habla de una cifra de 80 países que apoyan la necesidad de aprobar la hoja de ruta en Belém.

Además, uno de los grupos de negociación ha presentado un posible borrador de texto que “anima” a las Partes a cooperar y acelerar los esfuerzos globales establecidos en la decisión de la COP28 celebrada en Dubái, siempre bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. La propuesta propone oficialmente lanzar el Belém Mutirão Roadmap, un proceso guiado por las próximas tres presidencias de las cumbres, para acelerar una transición justa, ordenada y equitativa.  El documento señala que el Roadmap se basará:

  • En la mejor ciencia disponible.
  • Incluirá trayectorias determinadas a nivel nacional.
  • Deberá garantizar el acceso a la energía.
  • Se conectará con los instrumentos claves para habilitar la transición: financiación, tecnología y plataformas de cooperación internacional. 

Noche larga por delante para los negociadores. En la confianza de que el silencio de hoy se convierta en buenas noticias mañana.

Para apoyar la integración de los sistemas de adaptación, se ha lanzado la Alianza para la Implementación de los Planes Nacionales de Adaptación (NPA). La iniciativa está liderada por la Presidencia de la COP30, los gobiernos de Alemania e Italia y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). También cuenta con la colaboración de gobiernos nacionales, bancos multilaterales, fondos de inversión e instituciones del tercer sector y del sector privado. Su objetivo facilitar financiación para el desarrollo de los planes de adaptación.

En relación a la financiación, hay que señalar que el Fondo de Adaptación de la CMNUCC ha recibido casi 135 millones de dólares (por ahora) durante este ciclo de la presidencia brasileña de la COP, todavía lejos de los 300 millones de objetivo anual: Consulte las donaciones anunciadas y ya desembolsadas durante este período: 

  • Alemania: 60 millones de euros.
  • Bélgica (Región de Valonia): 3,31 millones de dólares.
  • España: 23,12 millones de dólares.
  • Irlanda: 11,56 millones de dólares.
  • Islandia: 0,62 millones de dólares.
  • Luxemburgo: 5,78 millones de dólares.
  • Portugal: 1,16 millones de dólares.
  • República de Corea: 0,84 millones de dólares.
  • Suecia: 13,28 millones de dólares.
  • Suiza: 5,16 millones de dólares.

Para realizar el seguimiento de las contribuciones a este fondo, y otros, vinculados a la CMNUCC se puede revisar el seguimiento de compromisos a los fondos climáticos que realiza la Natural Resources Defense Council (NRDC): ver enlace.