La COP30 nos convoca para cumplir el Acuerdo de París
La ventana para actuar se estrecha, pero aún hay margen para liderar. Diez años después del Acuerdo de París, la pregunta no es solo qué se negocia, sino cómo se implementa.
Un aniversario decisivo en el corazón de la Amazonía
Se espera que la COP30 sea una cumbre climática diferente. No solo porque tendrá lugar en Belém, en pleno corazón de la Amazonía, sino porque marca los 10 años del Acuerdo de París y su compromiso de limitar el calentamiento global por debajo de 1,5 °C respecto a niveles preindustriales.
Una década después, esa meta está en peligro. Las emisiones globales continúan aumentando, los compromisos nacionales son insuficientes y la implementación avanza demasiado despacio frente a la creciente urgencia climática. Por eso, Belém no puede ser solo una cita para anunciar nuevas promesas, sin un examen de credibilidad para reflexionar sobre qué se ha cumplido desde París, qué falta por hacer y cómo pasamos de los documentos a la acción real.
La Presidencia brasileña ha definido una ambición clara: que esta sea la COP de la implementación y del nuevo multilateralismo. El reto es que las declaraciones se traduzcan en decisiones políticas tangibles.
Un contexto político incierto
A pesar de que las catástrofes climáticas se multiplican, el paradigma político global no es favorable a la ambición. Estados Unidos es la gran incógnita. Se retiró del Acuerdo de París tras la elección de Trump, no asistió a la COP29 en Bakú y podría adoptar una “política de la silla vacía” en Belém. Su ausencia dificultaría cualquier avance ya que representa más del 13 % de las emisiones globales y tiene una enorme influencia económica, pero aún así puede adoptar medidas comerciales ofensivas para frenar la acción climática.
Frente a ello, la Unión Europea llega debilitada: no presentó su nueva NDC a tiempo y enfrenta críticas del Sur Global por falta de coherencia. China se proyecta como actor central y líder de facto, pero sus tensiones con la UE complican acuerdos amplios. América Latina muestra una cierta mayor coordinación regional, aunque persisten incógnitas —por ejemplo— sobre el papel de Argentina.
En este escenario, Brasil aspira a actuar como puente entre bloques y a ser anfitrión de una COP más inclusiva. Pero la política interna, la logística y las expectativas internacionales pueden condicionar su capacidad para impulsar la implementación.
Temas clave de negociación
1. Las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC)
Las NDC son el núcleo del Acuerdo de París: son los planes nacionales con objetivos de mitigación. Técnicamente, las NDC se revisan periódicamente y deben contener metas cuantificables, medidas políticas y mecanismos de seguimiento y transparencia. En Nueva York se alcanzó la cifra de casi 60 países que presentaron sus NDC con objetivos para 2035. Aunque estamos esperando al resto de los países, en conjunto aún no cerramos la brecha del 1,5 °C. En Belém, la cuestión es si todas las nuevas NDC incorporarán objetivos más ambiciosos, plazos creíbles y rutas de implementación (marcos regulatorios, financiación y medición de resultados).
2. Mitigación
El debate de mitigación está estancado. El Mitigation Work Programme (MWP) ha tendido a convertirse en una vitrina de proyectos con impacto limitado en la ambición global. Un elemento clave para reducir las emisiones: la sálida de los combustibles fósiles carece de consenso claro a pesar de lo que dice claramente la ciencia. Algunos países plantean medidas de gestión gradual, otros apuestan por soluciones tecnológicas como la captura de CO₂ y varios evitan compromisos explícitos. Será clave ver lo que se conseguirá en Belem.
3. Adaptación
La adaptación está en el centro: los impactos climáticos son actuales y crecientes. La COP30 debe avanzar en el Global Goal on Adaptation (GGA) y en la mejora de los National Adaptation Plans (NAPs). Un punto técnico clave es definir indicadores operativos para medir progresos: ¿indicadores globales comunes, indicadores nacionales flexibles o un enfoque mixto? Otro reto es integrar la financiación, la transferencia tecnológica y el fortalecimiento institucional dentro del mandato del GGA para que no quede reducido a meras declaraciones.
4. Financiación
La financiación es el núcleo de la tensión Norte-Sur. El Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG) que se negoció el año pasado en la COP29 no contentó las necesidades de los países en desarollo. Este año se avanza con una hoja de ruta, pero parece ser que seguirá siendo insuficiente, con poca claridad sobre modalidades de acceso, desembolso y supervisión. El Fondo de Pérdidas y Daños sigue prácticamente bloqueado ya que la fragmentación entre fondos multilaterales dificulta la eficiencia y el acceso de los países más vulnerables. Técnicamente, se discutirá cómo combinar fuentes públicas, apalancamiento privado y garantías para que la financiación sea real, predecible y accesible.
5. Transición justa
La transición justa puede ser el gran logro político de la COP30 si se acuerda un mecanismo operativo (BAM) que ligue descarbonización con justicia social y empleo. Pero la discusión se ha visto contaminada por disputas comerciales (CBAM, Mercosur), que pueden convertirla en un campo de enfrentamiento en lugar de colaboración.
6. Biodiversidad y naturaleza
Celebrar la COP en la Amazonía implica una expectativa legítima sobre biodiversidad y flujos financieros relacionados con la naturaleza. Brasil impulsa el Taskforce on Nature-related Financial Flows (TFFF), pero hace falta claridad operativa para convertir compromisos en inversiones efectivas para la conservación y la resiliencia.
Una nueva arquitectura de acción climática
La Agenda Global de Acción Climática (AGAC) se ha reformulado con ejes, objetivos y grupos de activación que pretenden articular iniciativas voluntarias con los procesos formales de la COP. En paralelo, foros como el Local Leaders Forum (Río) y el Business and Finance Forum (São Paulo) ofrecerán espacios de dinamización. La clave será si todo ello suma y coordina o si, por el contrario, fragmenta esfuerzos.
La sociedad civil: menos espacio físico, más relevancia política
Las dificultades logísticas reducirán pabellones y espacio oficial para la sociedad civil dentro de la COP. Sin embargo, la cumbre social recuperará el espíritu previo a la COP27 con marchas y mayor libertad de expresión. Menos visibilidad institucional puede traducirse en más capacidad de presión pública y construcción de narrativas: la sociedad civil será esencial para exigir ambición, transparencia y ejecución.
¿Ambición o estancamiento? Lo que realmente está en juego
El proceso negociador es largo porque busca consenso global. Esa lentitud es una virtud y un problema: permite diálogo, pero también alimenta estancamientos. En Belém se pone a prueba la credibilidad del Acuerdo de París: ¿será esta una COP de implementaciones concretas, financiación efectiva y medidas verificables, o una COP más de declaraciones sin ejecución?
AmbiciónCOP estará en Belém para observar, analizar y movilizar, con un mensaje claro: la ambición climática no es opcional; es la condición para un futuro viable.
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