Publicado el martes 29 de julio del 2025

Ni aranceles, ni guerras: la UE y China han decidido poner el foco en el clima. ¿Es esta alianza la chispa que necesita el multilateralismo antes de Belém?

En plena conmemoración del décimo aniversario del Acuerdo de París y del 50º aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Unión Europea y China, ambas potencias han emitido una declaración conjunta que reaviva su cooperación climática. El foro UE-China celebrado en julio tenía como telón de fondo un abanico de tensiones y negociaciones cruzadas —desde el comercio y los aranceles, hasta la guerra en Ucrania—, pero fue la acción climática el tema que logró consolidarse como terreno común y estratégico.

Un nuevo equilibrio internacional rumbo a Belém

A solo unos meses de la COP30 en Belém, el tablero internacional se está reformulando. La retirada de Estados Unidos del liderazgo climático ha dejado un vacío que otros actores buscan ocupar. La Unión Europea, en medio de un contexto de desgaste interno y con el desafío de reconstruir su influencia global, ha optado por tender nuevos puentes. China, por su parte, refuerza su posicionamiento como actor central: no solo es la segunda economía mundial, sino también líder en energías renovables y uno de los principales financiadores de infraestructuras verdes en países del Sur global.

En este contexto, la COP30 representa mucho más que una cita climática anual: será un test crucial para el sistema multilateral. Belém llega marcada por una urgencia evidente: transformar las promesas de la última década en resultados tangibles.

Lo que está en juego para la COP30

  • Mitigación

Queda por implementar lo acordado en el Balance Global de la COP28: la salida progresiva de los combustibles fósiles, la triplicación de las energías renovables y la duplicación de la eficiencia energética. Estos objetivos deben ahora reflejarse en los nuevos planes nacionales (NDC) con horizonte a 2035, que deben presentarse antes de Belém.

  • Transición justa

El programa de trabajo sobre transición justa ha registrado avances, incluyendo la propuesta de un posible mecanismo global. Este espacio podría convertirse en uno de los resultados políticos más relevantes de la COP30.

  • Adaptación

En Belém se espera definir un conjunto de hasta 100 indicadores globales para hacer seguimiento a la adaptación, así como avanzar en la movilización de financiación específica para este pilar de la acción climática.

  • Financiación climática

La financiación sigue siendo uno de los temas más complejos y discutidos. En Brasil se deberá discutir cómo movilizar el nuevo objetivo cuantificado acordado en la COP29: 1,3 billones de dólares anuales para los países en desarrollo.

  • Presidencia brasileña

Brasil ha presentado una visión ambiciosa y participativa para su presidencia, basada en el concepto del mutirão, una acción colectiva desde lo local. El gobierno de Lula quiere inaugurar una nueva generación de COPs: más conectadas con la realidad sobre el terreno, con capacidad de seguimiento y pensadas como plataforma para acelerar la implementación.

La declaración UE-China

En este contexto, la declaración conjunta entre la UE y China adquiere un peso estratégico. A pesar de las tensiones persistentes sobre comercio, ambas potencias han optado por remar en la misma dirección en materia climática:

  • Reafirmando la vigencia del Acuerdo de París y el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas.
  • Reconociendo su rol como grandes emisores y actores clave en la transición verde global.
  • Comprometiendose a apoyar una COP30 ambiciosa, equitativa, equilibrada e inclusiva.

Para ello, ambas partes se comprometen a:

  • Presentar, antes de la COP30, sus nuevas NDCs con horizonte 2035, cubriendo todos los sectores y gases.
  • Acelerar la expansión global de las energías renovables.
  • Facilitar el acceso a tecnologías limpias, especialmente en países en desarrollo.
  • Reforzar la cooperación bilateral en transición energética, adaptación y mercados de carbono.
  • Intensificar la acción sobre el metano, uno de los gases con mayor potencial de mitigación a corto plazo.

Aunque la declaración conjunta entre la UE y China marca un cambio de tono y una apuesta explícita por la cooperación, todavía quedan interrogantes clave. ¿Qué impacto real tendrá este gesto en las negociaciones de la COP30? ¿Cómo influirá en las dinámicas del G77 y en la confianza entre los países en desarrollo y los del Norte global?