La Troika de las COP exige ambición climática, pero ¿predica con el ejemplo?
Mientras las Presidencias de la COP28, COP29 y COP30 llaman a la ambición climática, sus propios compromisos generan dudas: ¿estamos en la senda del 1.5 °C o seguimos atrapados en la retórica?
La Troika de las Presidencias de las COP (grupo formado por la Presidencia de la COP28, COP29 y COP30) ha reafirmado su compromiso con la acción climática global a través de una llamada a la presentación de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional - NDC (compromisos climáticos que cada país debe establecer en el marco del Acuerdo de París y que tienen que presentar ante la ONU con planes concretos). En su declaración conjunta, la Troika ha enfatizado la necesidad de que todos los países eleven su ambición climática en la próxima ronda de NDC en 2025 y refuercen la implementación de las medidas necesarias para garantizar una reducción efectiva de emisiones.
Es te grupo, que tiene la responsabilidad de mantener el impulso de las negociaciones climáticas y garantizar la implementación de los acuerdos alcanzados, ha firmado un documento destacando la importancia de transformar los sistemas energéticos globales, triplicando la capacidad de energías renovables y duplicando la eficiencia energética para 2030, así como avanzar en la transición justa lejos de los combustibles fósiles. Además, la Troika ha subrayado la urgencia de acelerar la adaptación climática y de movilizar financiamiento a gran escala para los países en desarrollo.
Sin embargo, los propios países de la Troika (Emiratos Árabes, Azerbaiyán y Brasil) no presentan un ejemplo adecuado para el 1,5 ºC.
Emiratos Árabes Unidos, metas ambiciosas, pero ¿creíbles?
- El 6 de noviembre de 2024, los EAU presentaron su NDC para 2035, estableciendo un objetivo absoluto de reducción de emisiones de 103,5 MtCO2e, lo que representa una disminución del 47% respecto a los niveles de 2019. Este compromiso abarca todos los sectores y todos los gases.
- Sin embargo, según análisis del Climate Action Tracker, existen dudas sobre su credibilidad, ya que el país no ha actualizado su NDC de 2030 para alinearla con este nuevo objetivo, lo que implica un salto de reducción del 7% en 2030 a un 44% en 2035, sin una estrategia clara sobre cómo lograrlo.
- Además, la mayor parte de las reducciones de emisiones se espera que provengan de los sectores de la construcción, la industria y el transporte, mientras que el sector energético sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, confiando de manera poco realista en la captura y almacenamiento de carbono en lugar de en una expansión significativa de las energías renovables.
Azerbaiyán, silencio climático en la antesala de la COP30
- A pesar del mandato de presentar una NDC actualizada antes del 10 de febrero de 2025, Azerbaiyán aún no ha cumplido con este requisito, lo que genera incertidumbre sobre su compromiso con la mitigación del cambio climático.
Brasil: ¿un liderazgo climático o pragmatismo político?
- Brasil ha adoptado un enfoque diferente al comprometerse a limitar sus emisiones netas en un rango entre el 59% y el 67% de reducción respecto a los niveles de 2005. Esto se traduce en un límite de emisiones de entre 1.050 y 850 MtCO2e en 2035.
- A nivel político, Brasil ha manifestado su respaldo a la transición de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos globales, subrayando la necesidad de que los países desarrollados lideren este proceso de manera justa y equitativa.
- Sin embargo, al igual que los EAU, Brasil ha evitado abordar la necesidad de aumentar su ambición para 2030, lo que podría comprometer la viabilidad del objetivo global de 1,5 ºC.
La falta de un consenso universal sobre lo que significa un objetivo de mitigación alineado con 1,5 ºC permite que algunos países interpreten sus esfuerzos como suficientes sin realmente estar en una trayectoria compatible con el Acuerdo de París.
Con la COP30 acercándose, el escenario internacional se encuentra en un punto de inflexión crítico. El gobierno de Brasil ha señalado que quiere que la COP30 se centre en la "implementación" y en "volver a lo básico". En lugar de perseguir grandes anuncios, se hará hincapié en soluciones prácticas para superar las barreras que impiden alcanzar los objetivos ya acordados en negociaciones anteriores.
En los últimos años, la legitimidad del proceso de la COP se ha resentido de la percepción de que genera más retórica y promesas que resultados tangibles. El éxito depende de la compleja política de distribución de la acción climática: quién soporta los costes de inversión, cómo se reparten los beneficios y cómo la dinámica de poder determina la toma de decisiones. Una "COP de aplicación" no puede eludir estas realidades. Navegar por ellas requiere una estrategia clara, que identifique las áreas clave en las que el progreso es necesario y políticamente factible.
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